A quien le quede el saco…!

PUEDE MORIR UN AMIGO, MAS SU RECUERDO Y LA AMISTAD, ¡NUNCA!

Por: M. Sc. Celis Rodríguez Serrano

La muerte de un amigo duele en el corazón; la de un hermano duele en el alma, donde duele la muerte de nuestros seres más queridos. Aquéllos con quienes hemos compartido los mejores y los peores días de nuestras vidas. Alfredo fue para mí más que un amigo. Él estuvo en muchos de mis momentos tristes y de mis momentos alegres.

En agosto de 2011, aún sin ser los amigos que llegamos a ser, estando mi papá en la terapia intensiva de la entonces clínica «Costa azul», me llamó y se puso a la orden para lo que necesitara. No fue necesario, para esa época aún teníamos los trabajadores un buen seguro de HCM.

El 9 de septiembre de ese año cuando murió mi padre, ahí estaba Alfredo con su presencia y con su mano amiga. Desde ese momento surgió una relación de amistad y de respeto mutuo, que duraría hasta pocos días antes de su muerte.

Alfredo siempre me tendió su mano, y me acompañó con su amistad y con su apoyo moral; no desde la distancia o con aportes económicos, ni con cuotas políticas, para lo cual muchos se le acercaron, adularon y traicionaron cuando más los necesitó, y ahora los vemos en sus misas dándose golpes de pecho, y hasta llorando: ¡HIPÓCRITAS!

En octubre de 2017, cuando ganó la gobernación, me invitó a trabajar con él desde la Dirección de Educación. Mi primera respuesta fue «déjate de vaina, que ahí tendré que dar respuesta a todo lo que he reclamado durante muchos años desde el sindicato. Déjame pensarlo». Y me dijo: «tu sí eres arrecho, un poco de gente detrás de ese cargo, y tú lo vas pensar. Dale pues, pero asume esa vaina que yo te voy a apoyar en todo, y vamos a hacer un buen trabajo con los maestros». El tiempo dirá si fue así.

Le acompañé durante toda la gestión. Trabajamos en equipo.
Le consultaba cada paso que daba en la Dirección; y él me consultaba todo lo que deseaba hacer por el magisterio.

En muchas ocasiones estuvimos en desacuerdo por cualquier decisión; discutíamos, pero inmediatamente volvíamos al trabajo, a la cotidianidad de las responsabilidades que compartíamos, nunca nos enemistamos. Siempre me decía: «échale bolas, que los maestros confían en nosotros»; «atiende a los maestros, págale todas sus vainas que yo sé que necesitan su plata, y no quiero a los maestros reclamando sus derechos»; «atiende a todo el mundo, y resuelve, resuelve»; «vamos a hacer la fiesta a los maestros, que ellos se merecen eso y más. Que no falte nada para que disfruten su día». Nos acompañaba y celebraba con nosotros como uno más del gremio.

Siempre estuvimos al lado del magisterio, por eso hoy puedo decir con orgullo, que en los últimos 26 años he sido el único Director Educación en ser interpelado por el Consejo Legislativo por defender a los educadores; y el único Director que, en cuatro años y casi dos meses de gestión, desde 26 de octubre 2017 hasta el 21 de diciembre de 2021, gracias al apoyo del Gobernador, nunca me hicieron los maestros una protesta por reclamos de beneficios laborales.

Compartí con él muchos instantes fuera de la actividad política. En su casa, en un desayuno o almuerzo, donde alguna vez me dijo: «en mi mesa sólo se sientan mi familia y mis verdaderos amigos». Compartimos en muchos sitios donde, después de un acto oficial con los educadores, disfrutábamos con ellos una comida; jugamos un truco en equipo y ganábamos; y, porque no decirlo, nos tomábamos unas cervezas con nuestros maestros. Ése y así era Alfredito.

Hoy recuerdo con nostalgia tantos momentos vividos, tantas experiencias, tantas anécdotas.

Hace 6 meses se nos fue un extraordinario ser humano, un excelente líder, un inigualable jefe, un gran hermano que me dio la vida. Hasta siempre Alfredo, descansa en paz porque te ganaste la Gloria de Dios y el respeto de tu gente, que te recordará y te extrañará siempre. Algún día nos volveremos ver hermano.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *