PERDIÓ EL SECTARISMO Y GANÓ COLOMBIA

Marcando El Rumbo

César Rafael Malavé Carvajal

Lo sucedido este 31 de mayo en Colombia trasciende sus fronteras para convertirse en una lección continental de resiliencia republicana. Ganó la democracia y perdió Gustavo Petro junto a su errática política gubernamental. El veredicto de las urnas fue contundente: triunfó el voto útil como mecanismo de defensa colectiva para salvar la institucionalidad frente al personalismo asfixiante. En apenas hora y media, la Registraduría Nacional del Estado Civil entregó el 95 % de los resultados, propinándole un golpe definitivo a un presidente que actuó como promotor de un irresponsable discurso de desconfianza hacia el árbitro y el esquema electoral.

Esta eficiencia civilista desarmó cualquier narrativa de sospecha. Por otra parte, las encuestas fallaron estrepitosamente al dar por ganador de la primera vuelta a Iván Cepeda; la absurda Ley de Encuestas terminó cegando los radares de precisión analítica, ocultando la formidable corriente subterránea de un electorado que decidió concentrar su fuerza en la acera del frente.

Fracasó Petro en su descarada estrategia de intervenir directamente en el proceso, pretendiendo transformar la elección en un plebiscito alrededor de su nombre y arrebatándole el espacio a su propio candidato del Pacto Histórico. El uso inmenso del poder del Estado, los eventos de gobierno orientados a favorecer el voto “izquierdista” y la violación a la privacidad del sufragio no hicieron diferencia, encontrando un techo infranqueable en el rechazo a las formas del mandatario.

Colombia votó por la alternabilidad, las libertades y la sensatez. Cuando un pueblo se aferra a sus principios, el ventajismo retrocede y las instituciones se fortalecen. A pesar de que el Ejecutivo se resista a reconocer los resultados, la nación vecina se encamina a enderezar su rumbo una vez más, demostrando que la verdadera transformación nace del respeto absoluto a la voluntad soberana. Perdió el sectarismo y ganó la República.

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