
¡CÓMO DUELES, GUACUCO!
César Rafael Malavé Carvajal
La onda expansiva del colapso institucional ha tocado a nuestra hermosa isla de Margarita. Las tramas de poder central y capitales de dudosa procedencia buscaron asentarse en nuestra hermosa ínsula, impactando de manera directa en la realidad de nuestro ecosistema, alterando la geografía, el entorno social y la legalidad de los municipios, y atropellando sus espacios más preciados y, no existen explicaciones oficiales. Tal como ha sido exigido de manera categórica por calificados voceros de nuestra sociedad civil y el ámbito académico, el alcalde y los concejales del municipio Arismendi no pueden seguir amparados en un silencio que la ciudadanía empieza a interpretar como complicidad o alarmante ineptitud, habida cuenta de la opacidad de sus acciones frente a este bochornoso hecho
Frente al despojo ambiental y la opacidad financiera que se instaló en Guacuco, los asuntinos y los neoespartanos en general tenemos el derecho irrenunciable a una explicación seria, completa y exacta. El ejercicio de la función pública no se cumple con comentarios triviales en las plataformas digitales ni con declaraciones superficiales en estaciones radiales de paso; se ejerce mediante el pronunciamiento oficial, la transparencia administrativa y la activación de los mecanismos de control que determinen qué dependencias de ingeniería, catastro o ambiente validaron semejantes desafueros.
Defender Playa Guacuco es, en este momento histórico, defender la dignidad institucional de Arismendi. Los concejales, en su rol de legítimos contralores y representantes del pueblo, están llamados a interpelar y exigir cuentas claras sobre la gestión de persmisos de estas infraestructuras hoy judicializadas. Permitir que los espacios públicos de la capital del estado se conviertan en feudos de la corrupción o en zonas de sacrificio ambiental, sin que las autoridades locales fijen una postura enérgica y formal, despoja a la municipalidad de su razón de ser.
La columna vertebral de la descentralización y la autonomía municipal se quiebra cuando el liderazgo local calla ante los desmanes del centralismo. Es hora de rescatar nuestra costa, de salvaguardar el derecho colectivo al libre disfrute del litoral y de demostrar que la ley y la ética pública deben prevalecer sobre cualquier estructura de poder, por muy todopoderosa que pretenda presentarse.
