¡A quien le quede el saco…!

¡ALGUNAS GROSERÍAS ALIVIAN EL DOLOR!


Por: Prof. Celis E. Rodríguez Serrano.

Antes que nada, amigo lector, ofrezco mis disculpas por algunas palabras que utilizaré en este artículo. Su uso será meramente ilustrativo y Pedagógico. Además, algunas de esas palabras forman parte del habla de muchas personas. Está claro, entonces, que no defiendo el lenguaje vulgar. En mi caso no uso palabras obscenas en mi comunicación diaria, salvó en las circunstancias específicas que aquí mencionaré. Por lo general trato de ser parco y respetuoso, pero entiendo perfectamente que hay momentos y circunstancias que ameritan alguna palabra o frase que exprese real y fielmente lo que se quiere decir; incluso, sino se usa la expresión «correcta» la acción queda incompleta. En algunos de esos casos es casi obligado y justificado el uso de una grosería.

Por ejemplo: usted va caminando distraídamente, y de repente se tropieza; si el golpe es ligeramente suave, estoy casi seguro de que lanzará un ¡Ay cooooñoo! Si el golpe pasa de suave a más o menos leve, la expresión puede ser ¡Ayy, coño ‘e la madre! Y si el dolor supera lo leve y pasa a intenso o fuerte, seguramente la expresión será ¡Ay vergaaa, coñísimo ‘e la madre, no jodaa!

En mi época de estudiante de la Universidad de Oriente, participé en un seminario de lenguaje con una connotada profesora del Pedagógico de Caracas. En su explicación acerca del uso del lenguaje nos contó que tenía una hija adolescente; una señorita muy educada, de buen comportamiento; y que ella, como profesora de Lengua del Pedagógico, se había ocupado de cuidar y de formar bien en su proceso de adquisición del lenguaje. Pues, la jovencita se golpeó el pie al caminar en pleno centro de Caracas, y ante la mirada de todos lanzó un ¡Ay vergaaaa! La profesora sorprendida la increpó muy apenada, y ella le respondió: «Disculpa mami, es que me pegué muy duro en el dedito pequeño». Lo que no sabía la joven, era que esa expresión le sirvió de alivio en ese momento.

En otra oportunidad iba en un microbús de pasajeros de la línea «San Luis» desde el centro de Cumaná a la UDO. Quienes han vivido esa experiencia, saben que muchos de esos microbuses son muy bajos en su puerta de acceso, y los pasajeros constantemente se golpean al bajar. Tan es así, que muchos llevaban un «colchoncito» en la puerta para amortiguar el golpe. En uno de esos viajes, un compañero se golpeó (no había colchoncito), y lanzó un fuerte ¡Ayyyy, coooño ‘e la madreeee! Una señora le dijo: «Mijooo, menos mal que eres estudiante universitario». Y él, sobándose la frente, le respondió: ¿Bueno señora, y usted no vio el coñazo durísimo que me di?

En conclusión, si usted se tropieza, se golpea con algo, o se cae y se pega muy duro, lance la grosería que corresponda; de lo contrario, el golpe le dolerá más.

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