
Tenemos: SED
**A la memoria de Henrique Prieto Albornoz, mí Padre.
Por: Edmundo Abigail Prieto Silva
En el año 1992, siendo comisionado por el Concejo Municipal del distrito Arismendi del estado Nueva Esparta y como concejal presidente de la Comisión de Administración y Servicios, estuve acompañando al profesor Ramón Borra Gómez y a otras personalidades a una audiencia con la Comisión de Administración y Servicios del Congreso Nacional.
Esa delegación de ilustres margariteños, con gran documentación de estudios técnicos y sobrados argumentos, señalaba el gravísimo deterioro y posible colapso del acueducto submarino que surte de agua a las islas de Margarita y Coche. También sirvió esa oportuna visita a Caracas para entrevistarnos con el doctor Virgilio Ávila Vivas, gobernador del Distrito Federal, quien en su despacho —luego de condecorarnos con la Orden Francisco Fajardo que otorga el Gobierno de Caracas y después de los actos protocolares— recibió nuestro planteamiento. Le pedimos que, como margariteño y hombre de confianza del presidente Carlos Andrés Pérez, le hiciera llegar las inquietudes de los pobladores de Margarita y Coche sobre los graves problemas del deteriorado sistema de suministro del fluido líquido. El gobernador nos dio una esperanza y sus buenos oficios para tramitar nuestras solicitudes ante las altas autoridades del gobierno central.
Recuerdo de esa fructífera conversa con él una anécdota: dirigiéndose a mí, exclamó: «Amigo Mundo, esta situación se solucionará; tengo un proyecto de convertir los diques de La Asunción y del San Juan Bautista en dos grandes acuarios para el deleite de nativos y visitantes». Me invitó a formar parte de una gran cruzada para proyectar la idea. Afortunadamente, este proyecto no se concretó… ¿Qué hubiese pasado si les hubiera dado ese destino a los dos embalses de agua?
Años más tarde, estuve presente en una reunión de trabajo con nuestro querido y recordado Rafael «Fucho» Tovar, representantes del Congreso Nacional y otras personalidades, tratando la situación del suministro de agua al estado Nueva Esparta. Hacía recuento el gobernador de un viaje que recientemente había realizado a las costas de Cariaco y las serranías del Guamache, estado Sucre, para comprobar los trabajos que se realizaban en el «túnel de trasvase» del acueducto submarino. Decía el jefe del estado Nueva Esparta que su intención, al volar en helicóptero por estos sectores, era constatar por vista propia lo que se estaba haciendo para mejorar e incrementar el volumen de agua hacia Margarita.
Estas noticias colmaron de alegría a la población. En días posteriores, se satisfizo esa necesidad de información ya que el ingeniero Norberto Baussa, quien coordinaba el «Programa del Mantenimiento del Turimiquire», declaró a los medios de comunicación que el último corte al suministro de agua a las islas fue el que se hizo en el mes de julio de aquel 1998, a nivel del bypass de las tuberías de Clavellinos. Aseguró el técnico que, concluidos los trabajos, la tubería elevaría su capacidad de transporte de 300 a 600 litros por segundo, y que se incrementaría a 1900 litros por segundo a partir del venidero mes de agosto de ese año.
Los gobiernos democráticos tuvieron una gran preocupación para resolver, en la medida de sus alcances, el problema del agua en Nueva Esparta y el resto de la Venezuela sedienta. El agua es un problema fundamental para el hombre, los animales y las plantas; es decir, para todos los seres vivos. Donde escasea, la vida se reduce, haciendo imposible su crecimiento. La distribución y el suministro adecuado del agua en el país, como la aducción para nuestras queridas Margarita y Coche, ha sido una de las grandes preocupaciones de los coterráneos que han escrito mucho desde otrora.
Esta situación de escasez es lo que me ha hecho consultar obras de ilustres venezolanos y, sobre todo, margariteños como el Maestro de América, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Francisco Antonio Rísquez, Henrique Albornoz Lárez, Lárez Granado, P.C. Vásquez y Vásquez, Felipe Natera Wanderlinder, Manuel Antonio Espinoza Prieto, Enrique Agustín Prieto Silva y Manuel Espinoza Melet.
En una oportunidad, previo a un trabajo y en una ocasión donde me acompañaron Rafael «Fucho» Tovar, Antonio «Toñito» Espinoza Prieto, Blas Enrique Lárez Verde y mi primer padrino y prologuista, Felipe Natera Wanderlinder, le solicité al querido «Lipe» Natera (director de la Imprenta Oficial del Estado y de la revista Margariteñería) la reedición de la obra La poesía de los pueblos con sed, de la autoría del Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa. De esta obra, consultada por mí para este trabajo, destaco la referencia a los poetas de Margarita y al padecimiento del líquido: «…la sed del agua es mucho más que de agua».
El maestro Prieto fue testigo de la sed de su pueblo, la isla de Margarita, y señalaba cómo en África, Medio Oriente y Estados Unidos se han convertido desiertos en lugares fértiles llevando agua desalinizada o de ríos. No obstante, nuestros ríos son menos y han desaparecido. Varios de los embalses que surten a Caracas quedaron secos en 1984 debido a un verano prolongado. En sus narraciones, el maestro Prieto Figueroa recordó que, en la Cárcel Modelo de Caracas donde fue confinado tras el golpe a Rómulo Gallegos, el doctor Edmundo Fernández (exministro de Sanidad) le decía: «Cuando me afeito, disfruto oyendo correr el chorro de agua». Prieto le replicó: «Se ve que siempre has tenido agua en abundancia y no sabes qué es la sed ni tener que buscar agua a grandes distancias. Yo, en cambio, cuando oigo un chorro abierto corro a cerrarlo, porque he sufrido la escasez».
De mi padre, a quien dedico estas cuartillas, rescato su relato sobre la sed en Margarita: «Yo y mi primo hermano Enrique Prieto Albornoz éramos los aguadores de las casas, no solo para beber, sino también para regar hortalizas, lavar la ropa y darle de beber a la cabra».
Al entrar al siglo XXI, iniciándose el año 2000 y hasta el 2019, la situación del suministro del preciado líquido, no solo en Margarita y Coche sino en todo el territorio nacional, en vez de mejorar se ha agravado. Vemos en cada caserío y ciudad el clamor del venezolano sediento. Los embalses han colapsado. De las tuberías, en vez de escucharse el ruido del agua, solo se escucha el aire o se ven explosiones por rupturas ante la falta de mantenimiento.
La población que tiene sed, cuando reclama por un poco de agua, recibe por parte del Estado —que tiene la obligación constitucional de dar respuesta— represión con gases y perdigones. El razonamiento del agua es la carta del día a día. El acueducto submarino y las tuberías que lo componen muestran enormes averías. Esto, aunado a los continuos apagones debido al colapsado sistema eléctrico, agrava cada día más la situación.
