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Claro y Raspao

REGLAS CLARAS, NO SOLO CARAS NUEVAS

Por: Conrado Pérez Briceño

Venezuela se enfrenta a un nuevo momento político tras la instalación, el 1 de agosto, de una Comisión Mixta para discutir sobre eventuales reformas del marco legal e institucional. Como suele ocurrir en este tipo de reuniones, la mirada del país se desvía de inmediato al reparto de sillas, la asignación de cuotas de poder y el debate sobre quiénes integrarán las instancias resultantes. Sin embargo, hay que decirlo sin rodeos: centrar la discusión en la sustitución de rostros es un grave error que, casi siempre, nos devuelve al mismo punto de partida. Lo que el país necesita con urgencia no es un cambio de nombres en la directiva de un organismo. Los cargos son pasajeros y los dirigentes políticos cambian; son las reglas del juego y las leyes, las que determinan el rumbo real de las instituciones. Pretender que la renovación de unas directivas resolverá por sí sola la desconfianza que tienen los ciudadanos en las instituciones es caer en un engaño.

i la base legal sigue presentando vacíos, discrecionalidades, así como profundos desequilibrios, cualquier directiva (sin importar quién la encabece) terminará cometiendo los mismos errores del pasado. Lo que verdaderamente se requiere es una Reforma Electoral profunda y sustancial. No se trata de un simple retoque técnico, sino de construir bases sólidas que devuelvan la certeza y la equidad a las decisiones del país. La nación no necesita nuevos actores para seguir un viejo guion. Por el contrario, la prioridad debe ser garantizar reglas de juego claras, cronogramas auditables y condiciones equitativas que sean respetadas por todos los sectores. La Comisión Mixta tiene ante sí una gran responsabilidad histórica. Su éxito no se medirá por las personalidades que la integren, sino por la calidad y el impacto real de las leyes que logren aprobar. Si no se reforman las leyes con auténtico compromiso hacia el bienestar del ciudadano cualquier cambio de directivos no será más que una excusa para esquivar la solución definitiva. El debate de fondo no es quién se sienta en el cargo, sino el diseño de un sistema transparente en el que la sociedad pueda confiar. LA PRIORIDAD SON LAS LEYES; LOS NOMBRES VIENEN DESPUÉS.

SÍMBOLOS E INSTITUCIONES: EL PATRIMONIO DE TODOS

Agosto inicia con dos fechas de gran significado: el Día de la Bandera (3 de agosto) y el aniversario de la Guardia Nacional Bolivariana (4 de agosto). Más allá del acto protocolar o la efeméride de calendario, ambas fechas nos ponen sobre la mesa una verdad sencilla pero olvidada: el carácter público y neutral que deben tener nuestras instituciones.  La Bandera Nacional (izada por primera vez en suelo venezolano por Francisco de Miranda, en la Vela de Coro, el 03 de agosto de 1806) no pertenece a una parcialidad ni a una ideología: es el reflejo de la nación entera. El tricolor nacional es un símbolo de identidad que nos une por encima de cualquier diferencia política. Por su parte, la Guardia Nacional Bolivariana fundada el 04 de agosto de 1937 por el presidente Eleazar López Contreras, nació con la función clara de resguardar el orden y proteger a la población en general.

Cuando los símbolos patrios y las instituciones del Estado se politizan para dividir a la sociedad, pierden su razón de ser y desgastan la confianza pública. Recordar el origen de estas fechas nos deja una lección sencilla: el verdadero honor institucional consiste en garantizar la seguridad, los derechos y la tranquilidad de cada ciudadano, sin distinción alguna.  HAGASE HONOR

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