
Ángel Félix Gómez (Filito), Palabra sencilla…en el centelleo del pez.

Mirimarit Paradas
Preámbulo:
Trae esta semana a sus asiduos lectores, toda la fuerza creativa y literaria de uno de los poetas más queridos e importantes de nuestra región insular, con su libro Salitre II, texto que nos dice su hija María Cecilia Gómez Bonive: nace de sus palabras y de su profundo amor por la Isla, es un homenaje a su vida, a su obra y a su incansable espíritu y es que la isla te tuvo “en la palabra sencilla, en el centelleo del pez”, y tú, con tu pluma y tus ilustraciones, supiste capturar en esencia más íntima y sus historias más queridas” y es que Felito nos trae unos textos llenos de imágenes, metáforas y la profundidad de sus palabras, sus dibujos a plumillas, ese sabor nostálgico, sin alejarse de la tradición y costumbre de los pueblos, de sus calles, de su gente, su familia, esa creencia, constelada
noche que nos marca, como cuando abrimos la ventana y sentimos la caricia del viento sobre el rostro, el agua fresca atrapada entre las manos.
En cada ola hay dos aguas
Agua que ahonda la arena de la playa
Y destila profunda
hasta la intimidad de la Isla
que es nuestra misma intimidad
Agua que sabe todo de nosotros
Porque nos oye andar sobre su silencio
La otra agua
Llega a los costados y regresa su camino
Y te lleva y los lleva en sus andanzas
¡Aflora agua íntima
Para resucitar lo nuestro!
¡Regresa agua de los viajes
A devolvernos el canto peregrino!
Siempre he querido ser cantante
Cantar en las noches cuando la Isla es una visión de fantasmas
Mis amigos del puerto no me dejan cantar
Me niegan el derecho al canto temeroso de mi voz
Pero los he oído cantar mis canciones
Cerca de las rejas que ahora rodean las playas
Y nos ciegan el mar.
Uno vivió siempre aquí
Con su silencio de cosas
Y sus grandes amores
Fui navegante
En el agua calma de una niña risa
Y siempre en el silencio de las cosas nuestras
abordé sus navíos de sueños
¡Que triste es ser náufrago de las aguas calmas
Aparecí en una playa
Estaba en Isla
Su fosforescencia oculta a los ojos extraños
Me señalo el camino a casa
Hace Quinientos Años
Comenzaremos nuestro camino por la isla
¿Se acuerdan amigos?
Fue cuando escribimos las siete cartas
Que nadie entendió
¿o no quisieron entender?
Nadie nos respondió
Nadie
Hoy he encontrado esas siete cartas
En un ánfora repleta de cenizas de perlas
Los estoy esperando en el mismo sitio
Para repartirlas de nuevo
Los caballitos de El Valle subieron y bajaron desde el mismo
día que el Páparo los descargó en Porlamar.
Durante varias generaciones, sobre sus lomos siempre relucientes cabalgaron
sueños los habitantes de la isla.
Un día cualquiera, el corazón les comenzó a echar humo y espuma
los belfos, el galopar se les hizo un andar de cansancio.
Por allí deben estar los higuizales de las Piedras del Valle hasta quién sabe
cuándo.
Uno vivió siempre aquí
con su silencio
y sus grandes amores
Fui navegante
en el agua calma de una niña toda risa
y siempre en el silencio de las cosas nuestras
abordé sus navíos de sueños
¡Que triste es ser náufrago de las aguas calmas
Aparecí en un playa
Desde el mismo acantilado
Donde hace siglos oteaba pájaros de mar
Te miro Isla
Y ya tu aliento no es el mismo
Ya no hay brisa de ron y pólvora
Pero flamean banderas desteñidas
Mira tu mar como asustado
Con los brazos cercenados
Hay que tenerte simple
Como el vuelo del alcatraz
¡Qué de cosas!
La espiral del alcatraz
Con toda su pesadez es simple
Los ojos de Juan Chichero se negaron a ver tantas.
¡y tantas cosas que vieron los ojos de Juan Chichero!
Cuando el pueblo tenía las calles de tierra y se iba a Guaraguao de excursión
Y para ir a El Valle que es ahí mismo se despedía la gente de toda la familia
Y el llanto de las viejas atemorizaba
A los viajeros como si fueran a ir al fin del mundo pues.
Qué de cosas no vieron los ojos Juan Chichero en las noches
Sin luz: Encapuchados saltando empalizadas, chiniguas, chimichimitos.
-¡Carajo, dijo Juan ya viejo cuando los ojos no le quisieron ver
-aquí ya no hay nada que ver. Esto es otro mundo.
Y razón no le faltó.

