
Mi advocación a María: Virgen del Carmen, Nuestras Señoras de La Asunción y del Valle del Espíritu Santo
Por: Edmundo Abigail Prieto Silva
«“Mara”, raíz que muy posiblemente dio origen al nombre de María, significa en hebreo “señora del mar”. Seguramente Ana y Joaquín los padres de la Madre de Dios tuvieron presente esta connotación a la hora de imponérselo a la hija que el Altísimo les había regalado, luego de la prolongada esterilidad de la abuela de Jesús. Esta niña ha sido la estrella que brilló en el mar amargo de mi oprobio. Esta niña será exaltada entre las mujeres de su pueblo y será llamada María. Esta niña, hija de su esclava, es la esclavita del Señor…». Con esta narración del origen de nuestra Madre Virgen María, tomada de la obra de Leopoldo Espinoza Prieto, inicio estas Palabras Emergentes de hoy domingo.
Revisando los libros, quiero hacer un repaso breve del origen de la Virgen del Carmen. Señalan teólogos e historiadores de las Sagradas Escrituras —según encontré y resumo— que el origen de María Santísima en la advocación de Nuestra Señora del Carmen proviene de las constantes oraciones del profeta Elías en el Monte Carmelo (de allí el nombre de la Virgen del Carmen). Elías pedía lluvias al cielo para mitigar la sequía de su pueblo y apareció en el firmamento una nubecita que provocó la lluvia sobre los cultivos; él lo asumió como un milagro de María, Madre de Dios, manifestada en forma de nube. Siguieron los monjes y ermitaños meditando y orando en el Monte Carmelo. Fue más adelante, un 16 de julio de 1251, cuando el monje superior San Simón Stock consolidó definitivamente el nombre del Monte Carmelo ligado a la Virgen María, cuna de la Virgen del Carmen.
Mi devoción a esta Virgen se debe al nombre de mi querida y difunta mamá, Carmen Catalina. Además, fui bautizado, tomé la Primera Comunión y recibí el sacramento de la Confirmación de manos del carmelita Fray Agustín María Costa, el recordado Padre Agustín, a quien le serví en la Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de La Asunción.
De allí pasamos a la fe en la advocación de Nuestra Señora de La Asunción, a quien siempre he servido. Su nombre nace cuando el Almirante del mar océano, Cristóbal Colón, un 15 de agosto, divisó en medio del cansancio de su viaje una isla, la más grande entre tres, en las costas de la Tierra de Gracia (Venezuela). La bautizó, por ser el día de la conmemoración de la Asunción de María a los cielos, con el nombre de Asunción de La Margarita, la que luego sería la capital de Nueva Esparta y cuya patrona es Nuestra Señora de La Asunción.
Sobre la advocación de María con el nombre de la Virgen del Valle —aquella imagen sagrada que sobrevivió a los estragos de Nueva Cádiz en la isla de Cubagua un 25 de diciembre de la Venezuela colonial, y que guió en el mar a los despavoridos habitantes de aquella ciudad; la Virgen María en su advocación de Nuestra Señora del Valle, Patrona de Oriente y de los marineros— tendré unas Palabras Emergentes especiales el próximo 8 de septiembre, su día, tal como haré antes con el avistamiento de La Asunción de La Margarita el 15 de agosto.
Virgen María, en tus diferentes advocaciones, síguenos iluminando para resolver esta tragedia que hemos vivido en Venezuela y para lograr su reconstrucción.

