Marco Rubio convoca a 66 países a un encuentro para combatir a “los extremistas de izquierda” en todo el mundo

El secretario de Estado, Marco Rubio, dio la bienvenida este jueves por la mañana (hora de la costa Este, seis más en la España peninsular) a representantes de 66 países europeos, asiáticos y americanos a una cumbre convocada por él en la sede del Departamento de Estado, en Washington, para tratar lo que la Administración percibe como un auge del terrorismo político de extrema izquierda en todo el mundo.

“Es una amenaza real y transnacional que ha existido durante décadas, pero que ahora experimenta un resurgimiento”, dijo Rubio en su discurso de apertura de una reunión que ha recibido en Washington el sobrenombre oficioso de “cumbre Antifa”, en referencia a un amorfo movimiento de activistas repartidos por todo Estados Unidos, que, si bien no existe como tal, obsesiona al actual Gobierno.

Fue también, durante 20 minutos, una defensa de esa idea de Occidente convertida en entelequia que sirve de pegamento a la ultraderecha de todo el mundo. “Pueden llamarse anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas. Pero su naturaleza fundamental es siempre la misma: un resentimiento ponzoñoso, disfrazado con el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación”, añadió el jefe de la diplomacia estadounidense sobre esos que, dijo, “atacan oleoductos y gasoductos; ferrocarriles; redes eléctricas y laboratorios; y los símbolos físicos y tangibles del poder y la invención”.

Rubio habló de una red transnacional conectada por esos “militantes de Antifa”, que viajan “desde toda Europa y hacia las Américas” para “participar en ataques conjuntos, canalizar propaganda y material de capacitación, e intercambiar información sobre objetivos a través de canales encriptados compartidos; se desplazan mediante redes clandestinas de casas de seguridad y financiación, sostienen sus operaciones con fondos transnacionales y colaboran con Estados extranjeros hostiles que comparten su misión”.

“Una bomba colocada por un grupo neonazi es un acto de maldad atroz y asesino. Lo es; pero una bomba colocada por un revolucionario marxista… se considera revolucionario; un trágico exceso de idealismo. Quizás sus medios fueron desacertados o fruto de un celo excesivo, pero sus fines eran virtuosos y justos”, argumentó Rubio, que criticó el “doble rasero” con el que se trata la violencia de la extrema izquierda frente a la de la ultraderecha. “Aún hoy, la mera idea de que el terrorismo de extrema izquierda pueda constituir una amenaza seria se considera una fantasía febril de la derecha o, peor aún, una peligrosa conspiración fascista. Así lo perciben muchos sectores de la prensa, del ámbito académico y universitario, así como muchas de nuestras instituciones tradicionales”.

A la reunión, que culmina una estrategia de ocho meses de proselitismo de aliados para la causa, asistieron 66 países, según una lista proporcionada a EL PAÍS por un portavoz del Departamento de Estado. Entre ellos, están España, Canadá, Alemania, Argentina, Italia, Israel, Chile o Uruguay. En esa nómina no figuran México, China, Brasil, Nicaragua o Colombia (aunque un miembro del futuro Gobierno del presidente electo, Abelardo de la Espriella, está de visita este jueves en el Departamento de Estado). El nivel de los enviados por cada país varía. En el caso de España, acudieron dos consejeros de la Embajada de Washington: uno de la sección Política y otro, de Interior.

La cumbre llega días después de que el Departamento de Estado ofreciera subvenciones de hasta tres millones de dólares a grupos europeos que comulguen con los ideales trampistas del movimiento MAGA (Make America Great Again) y que combatan la “censura” de sus Gobiernos y trabajen por desarrollar “vínculos civilizatorios” entre Estados Unidos y Europa.

Esas subvenciones, de entre uno y tres millones, están pensadas para grupos de la sociedad civil y ONG europeas, así como instituciones educativas y entidades con ánimo de lucro, que busquen “abordar desafíos relacionados con la soberanía nacional, la migración, la censura y el uso del sistema judicial con fines políticos (lawfare)». La convocatoria para pedirlas quedó abierta el lunes.

Arquitectos contra el terrorismo

Al encuentro de este jueves asistieron también el director del FBI, Kash Patel, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, que habló después de Rubio para repetir sus argumentos y es uno de los arquitectos, junto a Sebastián Gorka, el zar de Trump contra el terrorismo, de la presión que Estados Unidos está ejerciendo sobre América Latina para poner al servicio de los intereses de Washington a la región. Esa doctrina Monroe 2.0 pasa por ejercer influencia en elecciones de diversos países y campañas conjuntas de persecución del narco, cuando no intervenciones militares como la que acabó con la captura de Nicolás Maduro en Caracas el pasado 3 de enero para ser juzgado en Nueva York.

Ante la pregunta de por qué Estados Unidos lanza una iniciativa especifica contra los “grupos de extrema izquierda” y obvia a los actores que operan desde parecidos márgenes en la derecha, el portavoz del Departamento de Estado, Tommy Piggott, defiende que aquellos son más “sofisticados”, y que sus amenazas han sido tradicionalmente menos atendidas.

En septiembre pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la designación como grupo terrorista de Antifa, una constelación de organizaciones con tenues vínculos entre sí. Lo hizo una semana después del asesinato del líder juvenil MAGA y aliado de Trump Charlie Kirk, por el que el republicano culpó a la “izquierda radical”. No hay pruebas de que el presunto asesino, un joven llamado Tyler Robinson, que ahora mismo está siendo juzgado en Utah, tuviera contacto con ninguna célula de extrema izquierda.

En noviembre, Washington designó a cuatro grupos europeos —Antifa Ost, la Federación Anarquista Informal/Frente Revolucionario Internacional, Justicia Proletaria Armada y Autodefensa de Clase Revolucionaria— como organizaciones terroristas extranjeras. Se ofrecen recompensas de hasta 10 millones de dólares a quien pueda aportar información sobre sus estrategias de financiación.

La publicación de la Estrategia de Contraterrorismo de Estados Unidos desvió en mayo el foco del terrorismo islamista como la principal fuente de preocupación para un país que se encamina a la celebración del 25° aniversario del 11-S, para priorizar el combate contra el narco y poner en el punto de mira (y equiparar al yihadismo y a las mafias de la droga) al supuesto enemigo en casa: esos “grupos políticos seculares violentos cuya ideología es antiamericana, radicalmente pro-transgénero y anarquista”.

Este jueves, Rubio se acordó del 11-S, así como del 11-M en Madrid, y de los atentados del 7 de julio en Londres. “Entonces, nos pusimos manos a la obra y formamos una coalición mundial, colaborando con muchos de los amigos aquí presentes hoy”, explicó. “Los ataques y complots yihadistas en Estados Unidos se han reducido en dos tercios desde el apogeo del ISIS [siglas en inglés del Estado Islámico], y el número de víctimas mortales del terrorismo yihadista en Europa cayó aproximadamente un 97% entre 2015 y 2024. En otras palabras, nuestra estrategia antiterrorista ha funcionado en gran medida”, añadió para introducir el argumento de que una coalición de esa ambición es necesaria para combatir el “extremismo de izquierda”.

En sus palabras, Rubio también hizo memoria, y pidió a los presentes que recordaran la organización griega del 17 de noviembre, los grupos estadounidenses Weather Underground y el Ejército Negro de Liberación, los Tupamaros o las Brigadas Rojas italianas. “Hoy nos enfrentamos a una nueva ola de este viejo mal”, insistió el jefe de la diplomacia estadounidense.

Fuente. El País

Foto Cortesía

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