Marcando El Rumbo…

MARGARITA TIENE SED

César Rafael Malavé Carvajal

Margarita tiene sed, una sed amarga y profunda que hoy quema la garganta de sus once municipios y paraliza la vida de un pueblo desgastado por la desidia. Someter a nuestra gente a la servidumbre de empujar carretillas, cargar tobos y mendigar en los parales públicos bajo el sol inclemente, mientras desde los despachos oficiales solo responde la opacidad y el silencio, es la demostración más llana del desprecio por la dignidad humana. Nos han empujado a un indigno retroceso histórico, borrando de un plumazo el esfuerzo de aquella democracia visionaria que el 30 de mayo de 1960, con el presidente Rómulo Betancourt al frente, inauguró el acueducto submarino desde la represa de Clavellinos: los hospitales trabajan al límite de sus fuerzas, las aulas cierran sus puertas, los pequeños comercios quiebran y el sector turístico sufre pérdidas devastadoras.

Resulta un insulto a la inteligencia intentar justificar la negligencia con excusas sin fundamento científico. El vital líquido no ha dejado de fluir; sigue llegando incesantemente desde tierra firme por gravedad, las 24 horas del día. El verdadero crimen de gestión ha sido la paralización del trasvase del Turimiquire y el despiadado desmantelamiento de las plantas de bombeo e impulsión y de las estaciones de potabilización. Eran esas plantas las que presurizaban el sistema para distribuir el agua simultáneamente y garantizar el suministro tres veces por semana en cada municipio. Sin esa infraestructura interna, los ciclos de espera se han extendido grotescamente a más de dos meses, obligando a las familias a pagar tarifas exorbitantes en divisas a camiones cisternas o a poner en riesgo su salud buscando agua en averías y válvulas de la calle.

Ante el atropello, la presión social pacífica y la protesta firme en las calles, como se ha visto en las avenidas Juan Bautista Arismendi y 31 de Julio, emergen como el único recurso legítimo para hacer despertar a las autoridades. Nueva Esparta no se resignará a ser un desierto; recuperar la mística de los grandes constructores y devolverle el agua a Margarita es una urgencia ineludible de justicia y dignidad republicana.

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