Marcando El Rumbo…

UN ABRAZO LIBRE TRICOLOR

César Rafael Malavé Carvajal

El arte civilista de la política no florece en la comodidad de la complacencia, sino en la urgencia de los tiempos de penumbra. Este anhelo de reconciliación no surge del olvido, sino del corazón mismo de una realidad desgarradora: entre tantos muertos, desamparados y un dolor persistente que hoy se agudiza ante la tragedia de la naturaleza. Los terremotos que estremecieron a Venezuela en el atardecer de este 24 de junio, casi a las seis de la tarde y en pleno día de la Batalla de Carabobo, derribando estructuras y sembrando la zozobra, deben transformarse, por fuerza de la historia, en el lazo definitivo que nos vuelva a unir.

En el marco de este quebranto, donde la dolencia social cala más allá del alma y los hospitales se saturan en una búsqueda agónica de insumos, la orfandad común nos obliga a deponer los enconos.  La reconstrucción social exige una madurez colectiva capaz de sobreponerse a la devastación material y moral. El camino hacia la refundación republicana requiere de forma perentoria que se abran las compuertas de los recintos carcelarios y no haya más presos políticos, un acto de estricta justicia que devuelva al disenso su lugar legítimo en la sociedad.

Asimismo, es vital abrir de par en par las compuertas de las fronteras para permitir que el camino del venezolano fluya a paso ligero, a paso patriótico, logrando el regreso de los venezolanos de vuelta a la patria. Solo así, el suelo nativo podrá recibir a la diáspora, reeditando la vibrante emoción que Juan Antonio Pérez Bonalde inmortalizó en su *Vuelta a la Patria*, al contemplar conmovido los cielos rojos caraqueños tras el destierro.

El retorno de los ausentes es indispensable para sanar, juntos, las grietas de la tierra y del espíritu.  El firmamento, ajeno a las miserias del conflicto y a los temblores del suelo, ofrece un espejo de libertad en el vuelo majestuoso de las guacamayas que cruzan el cielo de la capital y en el trino de las cotorras margariteñas en los horizontes insulares. Estas aves multicolores recuerdan que la pluralidad es la mayor riqueza de la nación. Frente a la catástrofe presente, la respuesta histórica debe ser un reencuentro civilista desde el respeto absoluto a las diferencias y al socorro mutuo en la desgracia; un abrazo tricolor, amarillo, azul y rojo, impregnado de aroma a tierra compartida que transforme el dolor en el cimiento de una paz duradera.

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