La marea plateada de Pampatar: El regreso de la sardina alivia y une a Nueva Esparta

La orilla de La Caranta, en Pampatar, se ha convertido en los últimos días en el epicentro de una actividad que mezcla el esfuerzo rudo del mar con la solidaridad más pura del margariteño.
La captura de sardinas ha registrado un repunte notable en las costas de Nueva Esparta, devolviendo el bullicio y la esperanza a los muelles artesanales de la región.

​El proceso es un espectáculo de resistencia y coordinación. En la playa se observan a los pescadores formando cadenas humanas, hombres que, con el agua a la cintura o sobre las embarcaciones, se pasan de mano en mano los cestos cargados del pez plateado. El ritmo es frenético; hay que desembarcar la producción rápido para llevarla a las cavas de distribución que esperan a pocos metros, pero el cansancio se disimula entre las risas y la satisfacción de una buena jornada.

​Detrás de una de estas faenas está Jesús Valenzuela, un hombre curtido por el salitre y encargado del tren de pesca «Mi Candela», una embarcación y un equipo que lleva coordinando desde hace unos ocho años. Para Jesús, esto no es solo un oficio, sino un legado: toda su familia pertenece a Pampatar y todos, sin excepción, han sido pescadores.

Su testimonio refleja el resurgir de la zona tras días de tensa calma. “Tenemos una captura de sardina como de 40 toneladas hace una semana. Ayer y hoy fue que empezamos a trabajar. Hoy tenemos aproximadamente 20 toneladas que vamos a cargar a las cavas”, comenta Valenzuela, mientras coordina a la veintena de pescadores que lo acompaña en el mar.

​Sin embargo, más allá de las toneladas y las cifras comerciales, la llegada de los botes tiene un fuerte componente social en la comunidad. Apenas las embarcaciones tocan tierra, la orilla se llena de vecinos, madres de familia y adultos mayores cargando baldes, tobitos y bolsas plásticas. Esperan con paciencia. Saben que, a pesar de las dificultades económicas, en el mar de Margarita siempre hay una porción para el que la necesita.

​Esta entrega gratuita forma parte de un código no escrito entre los hombres del mar. «Sí, se le regala al pueblo, al que viene», afirma Jesús Valenzuela sin dudarlo. Explica que, aunque a veces piden un poco de paciencia a los vecinos para no retrasar la descarga hacia los camiones, nadie se va con las manos vacías: al terminar la jornada, se reparte el beneficio.

​Para los habitantes de La Caranta y las zonas cercanas, la sardina representa mucho más que un producto marino. En palabras del propio Valenzuela, este pez es, textualmente, «la vida». Tras un inicio de año complejo para el sector, la abundancia actual en las redes se recibe como una bendición largamente esperada. “Tenía tiempo que no se veía así, metía la sardina, como se vio ahorita en Pampatar. Esperemos que siga, que sea así”, concluye el pescador con la mirada puesta en el horizonte, confiando en que la marea siga siendo generosa con el pueblo que la trabaja y la comparte.

Diario La Faena/CNP6.709

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