
Tras los recientes eventos sísmicos que han encendido las alarmas en el país, el debate sobre la seguridad de las construcciones y los mitos alrededor de los materiales ha tomado protagonismo en la opinión pública. Para ofrecer un diagnóstico técnico e independiente, el ingeniero civil Dixon Méndez, investigador especialista en ingeniería sísmica, geología estructural y sistemas subsuperficiales de agua, y presidente fundador de la Sociedad Académica Venezolana de Ingeniería Civil (Soaveic), analizó la realidad de la infraestructura nacional.
Desde su perspectiva, el especialista fue tajante al aclarar que en el argot de la ingeniería no existe el término «antisísmica», sino que se trabaja bajo el concepto de sismorresistencia, ya que es imposible separar una estructura de las fuerzas que genera el suelo.
Recordó que eventos históricos como el terremoto de Caracas de 1967 sirvieron para reformular los procesos constructivos y dar paso a la Norma 1756 de edificaciones sismorresistentes, (la Norma COVENIN 1756 es el código oficial en Venezuela que establece los requisitos mínimos para el análisis, diseño y evaluación de edificaciones ante movimientos sísmicos. Su objetivo principal es garantizar la seguridad humana y evitar el colapso de las estructuras durante un terremoto), la cual, a su juicio, requiere una nueva actualización por parte de los expertos a raíz de las experiencias recientes.
En el caso específico de las zonas costeras como la isla de Margarita, advirtió que existen condiciones geológicas complejas similares a las de La Guaira, caracterizadas por un ambiente marino inmediato y altos niveles freáticos que, al transmitir las ondas sísmicas, propician fenómenos no deseados como la licuefacción de los suelos por compresión y capilaridad.
Por esta razón, el investigador enfatizó que es una irresponsabilidad ejecutar proyectos sin un estudio de suelo previo que defina las condiciones del sitio, y subrayó que tanto el Colegio de Ingenieros como las alcaldías y el Estado deben ejercer una rigurosa supervisión para garantizar que se cumpla a cabalidad lo diseñado en los planos.
Al ser consultado sobre la polémica en torno al uso de bloques de anime (poliestireno expandido) en las losas de los edificios tras los temblores, Méndez explicó que el anime es un material plenamente aprobado y certificado por los laboratorios de las principales universidades del país debido a que no cumple ninguna función estructural. Su verdadero propósito en la ingeniería moderna es servir como un encofrado funcional o «molde» diseñado para aligerar el peso propio de la edificación frente a las cargas verticales, aportando además propiedades de aislamiento térmico y acústico.
Los elementos que realmente soportan el peso y actúan como diafragmas rígidos son los nervios y viguetas de concreto armado que van embutidos entre los bloques de anime, por lo que el material en sí no representa un peligro de colapso. Por el contrario, el verdadero riesgo detectado por el especialista en estructuras que se visualizaron en algunas edificaciones de La Guaira y Caracas radica en la tabiquería.
Méndez detalló que gran parte de las paredes y la mampostería se desprendieron de forma íntegra durante los movimientos debido a la falta de elementos de corte, como pernos o cabillas, los cuales tienen la función vital de amarrar la estructura principal de concreto con la pared de bloques para que exista una sujeción firme que permita disipar la energía del sismo. Ante esta realidad, el presidente de la Soaveic propuso la implementación de un protocolo de evaluación que incluye visitas integrales para aplicar fórmulas analíticas que cuantifiquen el riesgo real de las edificaciones, sugiriendo la creación de equipos multidisciplinarios que involucren a estudiantes de ingeniería y arquitectura para realizar diagnósticos calle por calle.
DIARIO LA FAENA/ CNP6.709
