
Por: Susana Morffe
Como seres humanos, nadie nos prepara para asimilar la vida en un instante, tampoco para esperar la continuidad en el devenir de los días.
La vida es toda una experiencia que se debe asumir, con un permanente entrenamiento; lo que conocemos y lo que nos falta por descubrir.
Acaso yo estaba levitando cuando ocurrió el terremoto doblete? No lo sentí, pero se ha llevado a más de tres mil vidas en el país, entre propios y extranjeros.
Tuve que meditar mucho al respecto. Tal vez no tocaba ni sentirlo, mientras que otros, hermanos de la vida y el mundo, no tuvieron espacio para contar su vivencia, porque de una vez quedaron enterrados.
No es sentirse feliz por pasar esa prueba ilesos. Afortunadamente, mi hijo vive fuera del país, pero sufrió por no estar conmigo y con su gente. Es que la prueba misma, que nos dejó, está enseñando y está hablando, después de la tragedia.
Reflexiono y concluyo que nadie está a salvo. Hoy es lo que conocemos y después falta por descubrir, experimentar o vivir.
Dios, con supremacía, ha hablado de distintas maneras, Así algunos lo han escuchado, presenciado y visto. Advertidos de los errores que han y hemos cometido. Tercamente, hemos seguido.
Han pasado varias tragedias en La Guaira, en Caracas y otras zonas del interior de la República, pero seguimos sin escuchar. Hasta resuena en la conciencia.
De súbito, acumulamos las experiencias de errores cometidos “votando” y “botando”, aceptando y callando; finalmente algunos se hacen los locos para evitar culpabilidades.
Ahora toca, no solo aprender, sino aceptar y esperar. Los tiempos han cambiado y si no adaptamos, nuevas posturas, la sanidad, global, individual y sobre todo espiritual, bien lo dice la escritura bíblica: «Como perro que vuelve a su vómito, así es el necio que repite su necedad». Proverbios 26:11.
No solo es recoger los escombros, es la experiencia que deja a cada uno la insistente lección de vida. Esperar y aceptar? Seguir luchando, porque la vida es bonita.
