
¡BASTA DE TUTELAJE, ELECCIONES YA!
Por: M.Sc. Celis Enrique Rodríguez Serrano.
«Díganle a Fidel Castro que cuando Venezuela necesita líderes, los pare; no los importa como usted al Che Guevara».
Don Rómulo Betancourt.
Venezuela durante cuatro décadas fue ejemplo de Democracia. El 23 de enero de 1958, cuando salimos de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, comenzamos a transitar el camino democrático; escabroso al principio, pero que con el tiempo llegó a ser ejemplo para el mundo.
Vale resalta que en esa gesta libertaria por nuestros derechos ciudadanos, los líderes del momento no fueron importados.
Ciertamente, algunos de ellos se curtieron, y aún se curten, en el exilio; pero a lo largo de la Historia la gran mayoría se ha forjado en la lucha social dentro de Venezuela.
Sus experiencias se han tejido bajo la infausta sombra de la represión, de la persecución, de la cárcel y, no en pocas ocasiones, de la muerte de los dirigentes más connotados e influyentes: Diferentes épocas, misma realidad.
La Democracia, con sus fortalezas y debilidades, brindó oportunidades y calidad de vida a los venezolanos.
Quienes tuvimos la fortuna de desarrollarnos durante ese período, podemos dar fe de las oportunidades que ese sistema nos ofreció en lo educativo, en lo social y en lo laboral. Lamentablemente muchos resentidos sociales, con ideologías anacrónicas y obsoletas, se aprovecharon de los errores y de las debilidades del imperfecto sistema democrático; y se valieron de la ingenuidad de unos y de la avaricia de otros, para darle un artero zarpazo, e imponernos este desastre social, institucional y humanitario que hoy vivimos.
La aviesa manipulación de esos errores generaron esta falacia gubernamental, cuyos utópicos «postulados filosóficos» obnubilaron a gran parte de la sociedad venezolana, en especial a la juventud. Esa misma juventud que poco tiempo después tendría que emigrar a otros países, en busca de las oportunidades que el mismo Estado les negaba en nombre de una falsa y tanatocrática revolución.
No pretendo asumir acá una actitud parresiasta, pero recuerdo que en mi época de estudiante escuchaba las mentiras, hoy narrativa, de quienes despotricaban de la Democracia, afirmando que «en Venezuela la educación es pa’ los ricos hijitos de papá»; y que «los hijos de los pobres no tienen derecho a ir a la universidad»… ¡Crassus errare! Mi papá fue marino en las embarcaciones que salían del puerto de Pedrogonzález a llevar «pescao salao» y artesanías a otros puertos del país; y traer verduras, maíz, cemento y otros productos a Margarita.
En esas embarcaciones él era caletero y cocinero, no el dueño. Mi mamá vendió pocicles o helados toda su vida; y nosotros, para ayudar a nuestros padres, salíamos por el pueblo a vender majarete, y las frutas cosechadas en el fondo de mi casa. No éramos ricos ni «hijitos de papá», y así estudié en la educación pública: en la escuelita de mi comunidad y en los liceos de Juangriego. Ingresé a la Universidad de Oriente por mi buen promedio en las calificaciones, donde me gradué de Licenciado en Educación en el núcleo de Sucre, Cumaná; y ahí mismo hice postgrado, maestría. Concursé, gané y trabajé en el Sistema Educativo. Fui profesor universitario durante 13 años en la UDO, y 7 años en la UPEL; y hasta llegué a ser Director de Educación de Nueva Esparta, todo eso sin ser rico ni hijito de papá. Y sé que mi historia, es la historia de muchos neoespartanos nacidos en humildes hogares en la añorada era democrática.
Hoy se le agradece a un quienes nos ayudaron a abrir las puertas de la esperanza; pero ya es hora de que seamos los venezolanos los que asumamos nuestro propio tutelaje y destino. En Venezuela contamos con profesionales bien formados en todas las áreas, capaces de sacar adelante a nuestra nación. Además, aprendimos la lección política, y sabremos excecrar a los politiqueros que quieran venir a usufructuar de nuestra buena fe y a enriquecerse con el erario. Es hora de que nuestros hijos y nietos conozcan la cara bonita y bondadosa de nuestra Venezuela, como una vez la conocimos y disfrutamos nosotros.
¡Basta de tutelaje, elecciones ya!
