
¡CÓMO DUELES VENEZUELA!
Por: M.Sc. Celis Enrique Rodríguez Serrano.
Hoy se respira nostalgia, dolor y tristeza en mi amada Venezuela.
No es para menos; hemos recibido un nefasto golpe en pleno corazón. La tierra rugió con furia. Se sacudió, hastiada tal vez de tanta desidia, de tantas injusticias, de tanta miseria humana, y quizás hasta de tanto irrespeto al Creador. Resonó inclemente, y dijo: ¡Aquí estoy, también siento, y puedo hablar a mi manera! Con su contundente mensaje nos dejó sentir su enorme poder; y contra ella, sólo Dios. Lamentablemente, como en cada lucha cruenta ante un omnímodo enemigo, pierde siempre el más indefenso, el más desvalido. Sufre quien está en medio de la desidia, de la maldad y del poder.
Empero, la tragedia no sólo trajo muerte, desolación, y dejó en evidencia la vulnerabilidad de un pueblo, inducida ésta por años de abandono y de negligencia ante eventos de esta magnitud; sino que esta catástrofe también desnudó y expuso mundialmente la vil naturaleza de quienes ostentan el poder político en un pobre país rico.
En estos últimos días, aunque lejos físicamente del lugar de la tragedia, y que gracias a Dios no tenemos víctimas directas en ella, hemos aprendido que ser venezolano es más que una identidad. ¡Sí! nuestro gentilicio significa solidaridad y empatía; es parte orgánica de nuestro ser, y como tal duele. Pero un dolor que va más allá de cualquier afectación física, porque este dolor se siente en el alma.
¡Cómo dueles Venezuela!
En este preciso instante la incertidumbre cubre muchos hogares; y la tristeza se anida a sus anchas donde seguramente ayer imperó la paz, la armonía y la ilusión. Sin embargo, confío en el carácter resiliente de cada venezolano, porque estamos hechos con fibras de esperanza, y con lazos de hermandad; que volveremos a tejer y a unir con el amor y la entrega que nos caracteriza como un solo pueblo.
¡Cómo dueles Venezuela!
Vivimos hoy una abrupta e inesperada estampida de almas hasta la eternidad, mas no serán almas perdidas; sino que serán almas ganadas para nuestra interminable lucha por la justicia. Almas que retornarán, y reencarnarán con fuerza y determinación en la esencia de cada familia afectada. Serán el soporte, la inspiración y la fortaleza de quienes sobrevivieron a la catástrofe. Y nos ayudarán a vencer la tristeza y el dolor, hasta transformarlos en ganas de seguir viviendo.
¡Cómo dueles Venezuela!
Cada lágrima, cada quejido, cada hueso fracturado, cada residuo y porción de escombro, y cada rabia contenida serán los cimientos de la reconstrucción. Volveremos a ser la Venezuela grande; la Venezuela libre; la Venezuela sin dolor, sin angustias, sin verdugos; y dejarás de dolernos, mi amada Venezuela.
