Léeme y entenderás

¡De la Alianza para el Progreso al Mando Total!

Enrique Prieto Silva

Era impensable el final del desarrollo tomado por la incursión de EEUU en Venezuela que se pensaba concluiría con los ataques a las lancha voladoras destruidas en el Atlántico y en el Pacifico concluyendo con la aun no reflexionada incursión del 3 de enero. Ante tal escenario, no queda más remedio que continuar la observación hasta que exista claridad en el pensar intelectual de la mayoría pensante y los políticos que susurran y aúpan movimientos en una suerte de glosario electoral inválido a más de incierto.

Tal situación, pensada o no, nos hace recordar para el debate una de las más largas crisis surgidas en el debate comercial entre los pueblos de América, “Alianza para el Progreso” plan aprobado en 1961 en la conferencia de Punta del Este (Uruguay) propuesto por el presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy y suscrito por todos los Estados entonces miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA), a excepción de Cuba, que se abstuvo en la votación. El plan proponía una amplia ayuda económica para todos los países firmantes.

En ese momento recordamos las negociaciones sobre la posible inclusión de todos los países latinoamericanos en el TLC (ALCA) que comenzaron a finales de 1994, incluyendo planes para la creación de un espacio de libre comercio que abarcaría a todo el continente americano, previéndose su inicio en los primeros años de este siglo. Sin embargo, la inclusión de más países en el TLC se consideró un procedimiento difícil, ya que algunos de ellos están lejos de poder acceder al mismo y de poder aplicar los rigurosos requisitos económicos exigidos por un acuerdo de libre comercio en el que están incluidas condiciones tales como el establecimiento de unos mínimos sobre salario, condiciones de trabajo y protección medioambiental; existiendo también el inconveniente plantado por la negativa de esta integración, por parte de los países que integraban el MERCOSUR, aunque algunos de ellos intentaban incorporarse al actual TLC, que para su momento constituía el segundo espacio de libre comercio más grande del mundo; sólo superado por el Espacio Económico Europeo (EEE), que entró en vigor al mismo tiempo que el TLC Mediante la unión de Canadá, México y Estados Unidos en un mercado abierto. El TLC pasó a englobar a un total de 365 millones de consumidores.

En este breve análisis de hoy, no deja de ser preocupante la diferencia de forma de integración propuesta, que más que integración se ve a las claras una definición de supra mando. La idea de integración ha sido siempre acogida y latente en los países de América, siendo de resaltar como interesante, por las perspectivas que se plantearon en el mediano plazo, el encuentro de los presidentes americanos, en la denominada “Cumbre de las Américas” a finales de 1994 en Miami, luego repetido en 1998 en Chile, los cuales giraron en torno a lograr acuerdos para la estabilización de las democracias, la lucha contra la corrupción, la lucha contra el tráfico de drogas, y como punto central se acordó un plan de acción que suponía poner en vigencia a más tardar en 2005 un Área de Libre Comercio para América (ALCA) o “Free Trade Area of the Americas (FTAA)” antes mencionada, con la cual, según palabras del presidente norteamericano Bill Clinton, se lograría el mayor mercado del mundo, con un potencial de 800 millones de consumidores.

Con este mercado, se estimaron cumplir deseos frustrados de lograr “progresos reales” antes de concluir el pasado siglo. En ese pasado queda clara la situación de la alianza, mientras que hoy se aprecian dos visiones: la visión del supra poder en la economía global y la triste realidad venezolana que reflejan los críticos, donde las opiniones de venezolanos a favor o en contra de esta acción de los Estados Unidos; y nos referimos a escritos publicados, donde se estima que: “Siete de cada 10 venezolanos apoyaron el despliegue de buques EEUU en el Caribe”, lo que nos parece insólito visto desde un punto de vista racional, si así pudiéramos decirlo, toda vez que asumimos un criterio venezolanista cargado de lógica racional, no obstante comprender que el intelectual venezolano está inmerso en la diatriba del prestigio.

@Enriqueprietos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *