Ruta Corta

Esa insignia

Por: Juan J. Prieto

Una parte de nosotros queda colgada en la pared. No cualquier pared, no en cualquier lugar. Es quizás la ofrenda más íntima que llevamos en el espíritu, luego en la memoria. Es un viaje demasiado rápido en el que conocemos instantes memorables de colores y caminos de la patria. Estaciones plausibles latiendo en la naturaleza…la madre, el padre en su día. Nuestros héroes y heroínas.

Entonces moldeábamos y perfilábamos la creatividad, la vida nos sonreía, nos comunicaba la fraternidad como insignia cincelada a la perfección, diseñábamos palabras, le hacíamos honor al poema, a las redondillas, cobraba vida la poesía. El abrazo amoroso del maestro o la maestra diciéndonos lo capaces que éramos de construir un universo. Es la primera lección para entender que con esfuerzo, una pizca de querencia y el pensar que hay un mañana posible, ese que nos elevará por encima de las dificultades. Siempre en el dilema de perseguir un sueño tenemos la respuesta guardada en lo más sencillo que convertimos en elogio cuando éramos niños:

La cartelera escolar.

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