Léeme y entenderás

¡Una necesaria educación para la paz en Venezuela! (IX)
“Magnifica Humanitas”

Enrique Prieto Silva

Además de interesante nos ha parecido a prima facie sumamente necesario para el entendimiento y la paz la encíclica de Leo XIL con el título que utilizamos. Es posible que muchos piensen que es un golpe a la novedosa inteligencia artificial, pero para quienes creemos que el mundo ha sufrido una interesante Inteligencia Artificial que al previo análisis vemos como una amenaza al conocimiento, especialmente para las nuevas generaciones, que han visto en este fenómeno un alivio para la investigación, ya que a groso modo encontramos sin discernir respuestas a problemas que muchas veces dejamos de resolver por la dificultad o complicación de su respuesta.

Quienes nos dedicamos a la educación universitaria, tenemos que reconocer que se ha hecho generalizada la deficiente asistencia de los alumnos a la educación presencial, subsistiendo el fenómeno de la respuesta también generalizada en los exámenes, que muchas veces, no solo es contradictoria con nuestra enseñanza, sino que nos crea un grave problema en el momento de la evaluación, especialmente en materias modernas y novedosas como la que nos toca regentar (el novedoso Derecho Ecológico), de cuya materia hemos elaborado un texto de estudio donde desarrollamos los conceptos que la hacen especial, obviamente, no son temas distantes de la realidad, pero si son especiales para hacer también especial la materia, con relevancia en Venezuela, dada la condición privilegiada de nuestro país en el tratamiento de este novedoso Derecho.

Y, cuando nos referimos al tema de la inteligencia artificial, que según el Papa León XIV hay que desarmar, nos vemos obligados a considerar lo importante e interesante de la encíclica, en este momento cuando se ha detectado su efecto en la juventud estudiosa, que sin dudas, se involucra como es necesario en su aplicación para lograr una rápida respuesta sin el correspondiente análisis. Y es aquí donde encontramos el meollo de nuestra preocupación, toda vez que el fundamento de la encíclica la encontramos en el fervoroso avance del workismo, que como dicen los mismos expertos, es un movimiento sociopolítico centrado en la defensa de la justicia social, especialmente la lucha contra el racismo, el sexismo, la desigualdad y los derechos de las minorías; movimiento que ha generado un intenso debate cultural, que para sus defensores representa un «despertar» de la conciencia sobre injusticias sistémicas históricas, buscando mayor inclusión, igualdad y representación.

Recuerda el Papa León XIV la encíclica “De rerun novarum” de León XIII publicada en 1891, que es la encíclica fundacional de la Doctrina Social de la Iglesia, que surge como respuesta a la «cuestión social» generada por la Revolución Industrial, denunciando los abusos del capitalismo y proponiendo un camino intermedio frente al socialismo. Hoy cuando aparece la Inteligencia Artificial, se ha visto esta como un término despectivo para señalar lo que consideran una imposición de la corrección política y una «cultura de la cancelación» que fractura a la sociedad. Es un término que se ha vuelto muy popular en el debate político actual y a menudo se asocia con políticas progresistas; y he aquí donde aparece la relación con la encíclica del Papa León XIV, toda vez que esta desviación interpretativa desfigura, quiérase o no, la doctrina social de la iglesia católica.

En ese sentido, se piensa que esta corriente, a tenor del contenido de la discusión incluyendo la encíclica, va por mal camino, ya que tomando los llamados nuevos derechos como los DDHH y el multipolarismo nos obligan a guiar la discusión hacia el conocimiento de los fundamentos que expone en su encíclica el Papa León XIV:

“:::1. La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos. Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto.

2. podemos contribuir con determinación a todas aquellas iniciativas que construyen un mundo más justo, y podemos invitar a otros a colaborar con nosotros en la promoción del desarrollo integral de cada ser humano. Deseamos entrar en diálogo con todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo, con quienes participamos juntos en los acontecimientos, las preguntas y las aspiraciones de la humanidad.

3. Con este espíritu, en 1891 León XIII publicó la Encíclica Rerum novarum, cuyo 135° aniversario celebramos este año con profunda gratitud. Con ese documento, mi querido …impulsó aquella reflexión sobre la sociedad, la economía y la política que hoy llamamos “Doctrina social de la Iglesia”….

4. Si en su momento León XIII hablaba de “nuevos asuntos” (rerum novarum), hoy no podemos limitarnos simplemente a repetir sus valiosas enseñanzas, sino que debemos pedirle a Dios la sabiduría para interpretar las grandes tendencias de nuestro tiempo, en particular los avances de la técnica. En los últimos años se ha hecho cada vez más evidente cuán rápida y profundamente la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la robótica están transformando nuestro mundo. La técnica no debe considerarse, en sí misma, como una fuerza antagónica respecto a la persona; por el contrario, está arraigada en nuestra historia desde el principio, en cuanto es «un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre». [5] A lo largo de los siglos, el desarrollo tecnológico ha contribuido a una mejora significativa de las condiciones de vida de la humanidad; al mismo tiempo, cada etapa del progreso también ha puesto de manifiesto el lado ambiguo de instrumentos capaces de causar daño cuando no se orientan hacia el bien. Hoy, sin embargo, nos encontramos ante una situación nueva, en la que el poder y la omnipresencia de las tecnologías emergentes se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo: «Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma». [6]Las nuevas tecnologías abren un horizonte que se extiende en direcciones que, aunque intuibles, aún no podemos prever por completo. Esto hace que sea más complejo evaluar su impacto y sus efectos a largo plazo sobre la dignidad de las personas y el bien común.

5. Ahora nos corresponde asumir con lucidez y responsabilidad los retos de nuestro tiempo. Es necesario adoptar instrumentos normativos adecuados, capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico. Pero la cuestión no se limita a la regulación. Como advertía el Papa Francisco, debemos preguntarnos con realismo quién detenta hoy ese poder y hacia qué fines lo orienta: «No podemos ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido […] dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para explotarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero». [7] En el pasado, eran principalmente los estados los que impulsaban y orientaban la innovación. Hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente “privado”, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común.

6. Por esta razón es preciso iniciar un discernimiento compartido capaz de profundizar en las raíces espirituales y culturales de las transformaciones que se están produciendo. Si nos limitamos a las circunstancias contingentes, corremos el riesgo de dejar que la sucesión de emergencias decida por nosotros la dirección del camino. Estamos viviendo una rápida fase de transición, un “cambio de época” en el que —mientras algunos se disputan el futuro de las nuevas tecnologías y otros se dedican a reflexionar sobre ellas— la mayoría de las personas permanece a la espera, observa desde lejos y simplemente aguarda a que todo salga bien. Precisamente por eso se imponen en nuestra conciencia preguntas decisivas, que ya no pueden eludirse: ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?”

Esta reflexión del Papa León XIV nos lleva a recordar el introito que usamos de ¡Una necesaria educación para la paz en Venezuela!

@ Enriqueprietos

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