
Edición: Susana Morffe
«Tengamos la edad que tengamos, hay cosas que podemos hacer —en mayor o menor medida— que podrían dar un pequeño impulso a nuestras habilidades cognitivas», afirma el psicólogo Alan Gow, de la Universidad Heriot-Watt en Edimburgo (Escocia).
Y la buena noticia es que no necesitamos realizar una transformación radical de nuestras rutinas: basta con introducir pequeños cambios graduales en los ámbitos físico, social y mental para proteger nuestro cerebro.
Por ejemplo, diversos estudios revelan que los conductores de ambulancias y de taxis presentan una de las tasas de mortalidad asociada al Alzheimer más bajas en comparación con otras profesiones; esto se debe, según proponen los investigadores, precisamente a que dichos conductores han ejercitado en mayor medida su cerebro en tareas de «procesamiento espacial».
Un importante factor predictivo de un buen envejecimiento es la cantidad de años que un individuo le dedica a la educación.
Aquellas personas que pasan más tiempo formándose presentan un riesgo reducido de desarrollar demencia.
Según un estudio realizado con 1.923 participantes de edad avanzada —y centrándose en aquellos que terminaron desarrollando demencia—, quienes habían sido menos activos socialmente desarrollaron la enfermedad cinco años antes que aquellos que fueron más activos.
Se cree que esto se debe a que mantener una vida social activa ayuda a reducir el estrés, haciéndonos más resilientes ante los desafíos de la vida.
Fuente: BBC Mundo
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1 PEDRO 3:15
Glorifiquen en sus corazones a Cristo, el Señor, estando dispuestos en todo momento a dar razón de su esperanza a cualquiera que les pida explicaciones. Pero, eso sí, háganlo con dulzura y respeto.
