Simón Petit… vieja luna abrazada a la nostalgia.

Simón Petit… vieja luna abrazada a la nostalgia.

Mirimarit Paradas.

Preámbulo:

Vertiente, trae esta semana a sus asiduos lectores, toda la fuerza poética de Simón Petit… una voz encendida, impregnada del ritmo y la fuerza de las palabras. Un canto de amor, de justicia y reflexión ante las grandes hecatombes que exterminan grandes civilizaciones, ante la muerte y la sombra arrasando los vestigios, las huellas de los hombres y mujeres en la cotidianidad de sus días, su propia historia.

Y es que su poesía es al mismo tiempo un acercamiento al sentimiento profundo incrustado en el alma, esa voz que se interna explorando el entorno, ese espacio donde el espejo de la creación y el sueño se convierte en imagen, ese hilo trazado en los designios del respiro, del amor y el dolor ante la despedida, ante lo irreversible, ante todo aquello que perturba e involucra el día a día.

Simón Petit, (Punta Cardón 6-12-1961) Poeta, ensayista, guionista, ha publicado los libros Bajo La Grúa, Otros a la intemperie, Bajo la Grúa Sobre el Andamio, Sol Sostenido, La Mirada Impía, Desmemoria Infiel, Vieja Luna y El Eco Formidable. Sus textos han sido seleccionados para las antologías de la poesía venezolana tales como: Memoria de la Dicha, Las Voces de la Hidra, Festival Mundial de Poesía 2005, 70 poetas venezolanos en solidaridad con Palestina, Iraq y Líbano, El Corazón de Venezuela y En Obra. Ha participado en lecturas de poesía en Bienales nacionales de literatura y en Encuentros y Festivales Mundiales de poesía. Su obra poética ha sido estudiada por los catedráticos de la Universidad de Salamanca, España, donde fue invitado a la Cátedra de Poesía Venezolana “José Antonio Ramos Sucre” en el 2012

En el campo de la cinematografía destacan su Premio Nacional de Guión en Cine Súper 8, Premio de Fotografía y 3er Premio de Cine en el VI Festival Nacional de Cine Súper 8 en 1988 y el 1er Premio de Cine Súper 8 en el V Encuentro Nacional de Cine de ese mismo año.

En el campo audiovisual ha sido productor general de más de 3000 programas para radio y televisión con temas culturales que abarcan desde tradiciones, costumbres, personajes y promoción de los portadores patrimoniales y difusión de la diversidad cultural.

Simón Petit… vieja luna abrazada a la nostalgia.

AL DESPERTAR

Llega el día
a través del cristal
de la ventana.
Los cuerpos
enrollados en la sábana
son uno.
Ojos se abren y reconocen el espacio.
Afuera pájaros trinan
y las voces del pasillo contrastan la sinfonía.
Un abrazo calibra la temperatura del otro.
El beso para empezar es buena señal.
Un cuerpo sobre otro
ritual que anuncia un feliz día.


ORACIÓN DE ESPERANZA PARA UN AMOR QUE SE VA

Oh señor,
tú que sabes que la amo,
dame en tu infinita misericordia
la sabiduría para hablarle sin herirla,
la paciencia que aniquile en este silencio
palabra desbordada que decapita el para siempre en mala hora.
Que nada más sea, esa amenaza que acecha la alegría,
que nada más venga, que nada más,
pues este amor montaraz que no
se deja domar ante la adversidad, ay,
sólo es capaz de amar y dar
sin saber amar ni dar.
Oh señor, lo confieso,
aunque sé que la amo,
no sé cómo expresarlo,
como en aquel tiempo cuando mi cuerpo tembló ante sus besos,
que siguen siendo los mismos besos y
los mismos temblores febriles de esta tarde en el recuerdo.
Hoy termina todo.

Y sin embargo ninguno quiere que así sea.
Ella afirma que es necesario por el amor de los dos.
Padre mío,
en tu grandeza ilumina estos corazones enamorados
a punto de separarse.
Tú que hiciste el cielo y la tierra
y nos diste la luna para besarnos en la playa.
Tú, que creaste el paisaje que enmudece y encandila en su belleza.
Tú, que facilitaste aquella noche primera con tu bendición,
acude a nuestras horas de angustia
y aparta de nosotros los escollos,
la murmuración de las ventanas
y el comentario de salón.
Reprende aquel que intente hacernos algún daño
y por tu inmensa presencia,
sea tu voluntad por los siglos de los siglos,
amén.


SIMÓN ELÍAS
Él está de cuidado. Su condición es de cuidado.
Así nos dijo el doctor que lo atendía.
Sabíamos desde el principio, ¡cuán difícil!
Pero entre oraciones y desvelos, la esperanza.
En nosotros fe y esperanza, existen.
A veces dudamos de ellas,
por ejemplo, cuando alguna enfermera y su indiferente
verbo
notificaba la partida de algún infante
mientras veíamos llorar a la madre en el pasillo por su
niño muerto.
Entonces llorábamos también.
En otras, simplemente, retornaban
cuando la risa llegaba iluminando el día
por la salvación de un chiquillo.
Entonces reíamos también.
Porque en esos momentos uno conoce verdaderamente
la solidaridad
y la bondad del ser humano.
Un día vimos cómo una paloma blanca volaba libre y
serena
entre los cristales de aquellos pasillos de ese edificio
y un estremecimiento recorrió los cuerpos pensando

que nuestro hijo se despedía.
Corazones acelerados esperaban que
el doctor no dijera lo que suponíamos.
Y esa mañana la fronda de su antorcha siguió ardiendo.
Su débil y golpeado corazón resistió aquella primera
batalla.
Y vendrían más días de ansiedad y desazón.
Una urdimbre de confianza tejimos
con oraciones frente a él.
Sí vas a salir de ésta, hijo, nos repetíamos.
Vendrían ojos risueños y redondos en el recuerdo,
abiertos,
ahora perdidos en su inconsciencia.
Ese día decisivo: ¡Ahhh Simón Elías, qué varón fuiste!,
saliste puño en alto de esa cámara de suplicios que
llaman quirófano.
Sin embargo vino ella con su manto negro
y te cubrió mientras dormíamos.
Las luces parpadeantes del bosque lácteo
se escondieron en la ciudad sin explicarnos nada.
Un pasillo, frío como el Hades, recorrimos lentamente.
El dolor furioso e impotente buscando respiro.
En el camino a tu morada largo y sereno
columnas de humo denso levantan a tu paso,
sacrificio de amados guerreros
que lo dan todo por todo en esta vida breve.
El libro de los libros reza:
Todo hombre dura lo que un suspiro,
Todo hombre pasa como una sombra (Salmo 39).
Ahora cuando el recuerdo siempre será,
gracias te damos por ser tus padres.


5
De la estirpe de los viejos guerreros
viene bajando el hombre
por los andamios.
En su mano
una aleación de acero y níquel.
Toda naturaleza.
Puro estado de aquellos
que un día forjaron verbo
con sangre y trofeo animal

en el metálico sonido
que se desliza sobre un filoso cuerpo sangrante
junto a la chispa que brilla
en la oscuridad de las batallas.

Giro de una pirueta
y doblez de muñeca que esquiva
la embestida del enemigo.

Allí aquellos
que desenterraron olvido de piedra y brillo ocre:
último pedazo de cielo.

Fuego de Prometeo
oculto en el tallo
abriendo fuegos a otro tiempo:
estos donde al hombre
no le queda más remedio
que abrazar el oxido
de una cualquiera figura
que a sí mismo construye.


Paraguaná,
¿dónde tu viento que no cesa?
¿Qué hacer con la ausencia del zumbido?.
¿Cuál penitencia has de cobrarnos
por esta hora desolada
en que toda calma es tempestad ajena?.


INDIGENTE

Al morir la tarde
algunos cumplen con la rutina
de regresar a su nido después del trabajo.
Otros deciden deambular por las calles
miran las vidrieras y entran a un bar.
Quienes intentan descubrir nuevos rincones
toman el autobús que los pasea
por esta ciudad aburrida
buscan el alma gemela

que traduzca esa ansiedad de encontrarse.
También está quien abandona un sitio para ir a otro
bien por pasión o bien por dinero
y siguen sin descanso
hasta que los aturde el cansancio.
Van los amantes sigilosos que son fieles en la noche.
Vienen de la mano los amorosos que son fieles en el día.
Están los que salen a flote de la plaza,
de la tienda, de la casa,
de la iglesia, de la nada.
Están los que se sumergen en la nada,
en la iglesia, en la casa,
en la tienda, en la plaza.
Quedan aquellos que intentan exprimir el máximo del día.
Persisten los azarosos que sufren
las noticias de la prensa vespertina.
Continúa el tropel liceísta

en su andar como soldados de guerra.
Pájaros posan en tendido eléctrico como si nada.
Y la oferta de los buhoneros es competencia de tenores.
El sonido de los motores es música asfaltada.
El bullicio de la gente es remolino de palabras.
Y el taconeo de todos es el rostro de muchos
en esta esquina
que tiene una pared blanca
inmensa, limpia
como una pantalla de cine que proyecta
mi figura maltrecha,
parado,
mirando al frente,
sin saber dónde ir.


ISLA
I
Es cierto:
aquí hombres y mujeres
tienen siglos flotando
en esta porción de tierra.
La mirada es de agua y de agua sus vidas.
También son abismo y acantilados.
Montañas sagradas en el recuerdo aborigen
que permiten desde su cima
divisar el mar a 360°
donde algunos yacen
y otros
simplemente
vienen y van;
pero no flotan como nosotros.


DESIERTO

XIX
En el ocaso de la tarde,
cuando llega la hora más triste y gris,
la lechuza alza vuelo.
El conejo, astuto y veloz,
se esconde entre la maleza
esperando pacientemente la noche
para salir en busca de su cena.
Las mariposas,
libres y bellas,
revolotean coloridas bailando al viento
dejándose llevar en este árido salón
por el caballero danzarín.
Las hormigas, incansables,
regresan después de un largo día.
Todos ellos, animales del crepúsculo,
buscan descansar en sus sillones de mimbre,
esperando el chirrido de los grillos
que por toda la noche serán teloneros de la cigarra,

la solista principal del próximo día.

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