Léeme y entenderás

¡LA GUERRA POR LA PAZ!


Enrique Prieto Silva

Con visión en el actual acontecer de Venezuela donde ha surgido la práctica de medidas bélicas como fortaleza para el dominio y gobierno del Estado, y cuando, no solo ocurre una incursión drástica por el manejo de la política y los recursos que en esta imperan, recordamos nuestra campaña publicitaria, que nos obliga a recordar que antes publicamos un artículo con este título, que es el de una serie de libros que antes mencionamos, y tenemos publicada en tres tomos, cuyos títulos iniciamos con el Tomo (I) “Educación para la Paz”, seguida del Tomo (II) “Nomenclatura de Guerra” y cerramos con el Tomo (III) “Conflictos y Guerra del Siglo XX”.

En realidad y en vista del actual acontecer político de Venezuela, donde surgieron como esquema o punto final a la diatriba opositora, la intervención militar para lograr el cambio político necesario, recordamos un proverbio árabe que dice: “la diferencia entre la guerra y la paz está, en que en la paz los hijos entierran a sus padres, mientras que en la guerra, los padres entierran a sus hijos”; y que, al respecto también recordamos a Thomas Hobbes (1588-1679), filósofo y pensador político inglés, quien vivió entre 1588 y 1679, cuyas teorías mecanicistas y naturalistas provocaron desconfianza y polémica en círculos políticos y eclesiásticos, cuando dice: que “las dos primeras leyes naturales consisten en buscar la paz y en defenderse por todos los medios que se tengan al alcance. Ahora bien, para asegurar la paz y la seguridad, los hombres no disponen de procedimiento mejor, que establecer entre ellos un contrato y transferir al Estado los derechos que, de ser conservados, obstaculizarían la paz de la humanidad”.

Es indispensable entender, que en el pensar actual, la paz es el deseo o meta de la convivencia social. Es el anhelo de todo pueblo, pero este anhelo se lacera, cuando algunos gobernantes que codician fortaleza en su poder, estimulan en sus gobernados ideas fratricidas para exacerbar el nacionalismo y lo hacen promoviendo la guerra y, aunque la guerra para la sociología y la politología es estimada como un flagelo, pareciera ser una parte integral de la condición humana, de allí la estimación que, desde el año 1000 a.C. solo menos de 300 años se han visto libres de conflictos armados.

En este estado, debemos criticar nuestro acontecer político, cuando, después de desechar opciones electorales con una gran proclama abstencionista, se sigue debatiendo la posible intervención militar en Venezuela para “cambiar el gobierno” y ocurrió lo indeseado el 3 de enero pasado. Obviamente, no podemos apoyar ni estar de acuerdo con esta idea, que dicho sea de paso, denigra del pensamiento libertario, demócrata y nacionalista del venezolano. Es una de las virtudes que arropan los valores de patria y libertad, que siempre surgen en cualquier dilema discutible dentro de los círculos sociales, sea cual fuere el interlocutor.

Lo dijimos antes, cualquier venezolano que ame y sienta su gentilicio, mal puede pensar que vendría una fuerza extranjera a sacar de su “cuna” al presidente y dejar libre el camino para que vuelvan los líderes políticos a discutir balandronadas de su puesto de mérito para optar a la candidatura; sin embargo, esto ocurrió y por ello insistimos en recordar la necesaria “educación para la paz” que venimos pregonando. Lo hemos dicho y lo seguimos pregonando: “La paz es el deseo o meta de la convivencia social. Es el anhelo de todo pueblo, pero este anhelo se lacera, cuando algunos gobernantes que codician fortaleza en su poder, estimulan en sus gobernados ideas fratricidas para exacerbar el nacionalismo y lo hacen promoviendo la guerra y, aunque la guerra para la sociología y la politología es estimada como un flagelo, pareciera ser una parte integral de la condición humana, de allí la estimación que, desde el año 1000 a.C. solo menos de 300 años se han visto libres de conflictos armados.”

A los 60 años de la Batalla de Stalingrado en la Segunda Guerra Mundial, la Voz de Rusia publicó: “Toda guerra conlleva siempre lágrimas, sufrimientos, muerte, pérdidas, sangre y heridas. La guerra es implacable con todos, con los ancianos y los jóvenes, los cobardes y los valientes. No todos han salido con vida en medio de la metralla, de las explosiones de bombas, minas, proyectiles y sepultado por los escombros de los edificios.”; y en nuestra obra referida escribimos: “No hay dudas de que todo conflicto bélico es una caja de Pandora, donde se pueden encontrar muchas sorpresas.

Con victoria o con derrota todos pierden. En el pasado, toda victoria era compensada con un botín, pero en el presente, toda victoria involucra una pérdida compensatoria para reconstruir y beneficiar al derrotado. Se logrará la paz después de la guerra, pero quedarán las grietas y las heridas a que conducen todos los conflictos bélicos. No hay dudas, solo quedará el sabor de justificar la guerra por la paz pero lo único válido y verdadero es que hay que evitarla.”

Hoy repetimos: ¡Da risa, por no decir vergüenza! oír voces agoreras que nos dicen: «como hicieron en Panamá o en Irak”. Aquí, de la risa o la vergüenza, pasamos a sentir tristeza, ya que no concebimos tanta ignorancia insípida por depravada en venezolanos que se apertrechan en su guarimba sin pundonor ni desparpajo, para arrostrarnos en la cara nuestra ignorancia pueril e incrédula. Sin embargo, pareciera que solo languidece la esperanza del cambio.

Al final, se confunde la necesidad de la ayuda humanitaria, con el aprovechamiento para la intervención, pero la mayor gravedad está en el estímulo que le dan algunos líderes políticos a la prosa discursiva, engañando a sus seguidores con ideales vistosos aparentemente virtuosos, que quieren “cambio ya”, pero desechan oportunidades electorales sin sentido de lógica.

Sin dudas, en la perfidia surgida de esta triste “revolución socialista” solo nos está quedando el desgano, aunque nunca la pérdida de la esperanza. Está claro que tenemos que seguir luchando en contra de esta ignominia. La gente se cansa de luchar por hambre y desencanto. Insistiremos en la crítica de la antipolitica, pero con mayor brío lucharemos contra la mala política, ya que no es justo, que muchos vivan esperando la libertad y otros mueran creyendo que ella solo lo lograremos con la intervención y la guerra; la democracia en Venezuela está viva, pero secuestrada por un malandraje que intenta el apoyo de la fuerza.

Pero la mayor gravedad es que el liderazgo político de la oposición se ha enfrascado en una lucha contra el régimen, pero quiere hacerlo comenzando por cambiar las reglas electorales. Es decir, “ponerla en bandeja de plata” como ocurrió al decidirse por la negación del voto y perder la oportunidad electoral por la no complacencia con los partidos; de mayor gravedad: solicitar acción imperial para imponer medidas políticas que estanque y disminuyan nuestra economía imponiendo sanciones que solo producen miseria y hambre a los venezolanos territoriales.

¡No a la guerra por la paz!

@Enriqueprietos

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