
Sor Elena Salazar
Escritora
Nicolasa García de León nació un 10 de abril de 1926 en San Casimiro, un pueblo de Aragua y murió en El Piñonal, Maracay el 15 de agosto de 2011. Sus padres fueron Ana García y Ruperto. Era la tercera de cinco hermanas y un hermano: Agripina, Alejandrina, Eustaquia, Eugenio, María y Cecilia. La señora Nico como cariñosamente le decíamos se casó en 1950 después de un largo noviazgo de siete años con Ramón Emilio León en la sempiterna Iglesia de Santa Rosalía en Caracas, donde juraron su amor eterno. Ellos superaron en fidelidad y duración a Florentino Ariza y a Fermina Daza, los protagonistas de El Amor En Los Tiempos Del Cólera (1985) de Gabriel García Márquez. El matrimonio de Nico y Ramón duró 61 años, hasta el día que murió Nicolasa. De esa unión nacieron cuatro hijos: el primero falleció en la infancia, luego nacieron los demás: Héctor Ramón, Maritza y Raúl. Nico conoció y ayudó a criar a sus cuatro nietos: Amaranta, Luis Emilio, Aromaia y Raúl. Sus nietos fueron su adoración.
Una vez casados se fueron a vivir alquilados en las veredas de Coche hasta que lograron dar una inicial para un apartamento en Ciudad Tablitas, Catia. Fue en 1959, un año después de la caída de Marcos Pérez Jiménez cuando se mudaron, donde residieron por muchos años. Sus vecinos más cercanos fueron la señora Teodosia Salazar, Gladys y Otilio Vergara. Este último formó parte de la familia León García. Cariñosamente el señor Ramón le decía: “Casi loco” y él respondía cándidamente: “Estás bañado en rosa”. Otilio fue un empleado de Duncan Allison & Co., sufrió un accidente laboral que le costó la movilidad normal de una pierna.
En 1985 vendieron su apartamento y se mudaron a Maracay, donde anidaron sus últimos años rodeados de afecto familiar. Otilio los siguió hasta allí. Nico y Ramón viajaron mucho al Oriente del país, con Margarita como su ciudad preferida. Nicolasa pasó varias temporadas en La Asunción, siempre cerca de sus nietas.
Cuando se fundó el Colegio Nueva Cádiz, ella fue uno de sus pilares fundamentales, apoyando su creación —hoy con treinta años de trayectoria—. Sin su ayuda, no hubiera podido atender tantos compromisos: fue más que una suegra; fue la administradora de mi tiempo, la persona que comprendía los esfuerzos por iniciar una empresa educativa.
En su último viaje a la isla, 2008, quería comprarse una casa en La Asunción. Le encantaba la ciudad, su silencio, su gente, su iglesia. No le dio tiempo de adquirirla, pero su nieta Amaranta terminó comprándola muchos años después. De alguna manera, el deseo de la abuela fue consolidado por la nieta.
Héctor, su hijo, comenta que Nicolasa fue amiga del gran beisbolista Pompeyo Davalillo Romero, el cuarto jugador venezolano que participó en las Grandes Ligas y el primer venezolano en dirigir un equipo de béisbol en otro país. Pompello desde muy joven vivió en Propatria, de ahí su amistad con la señora Nico. También fue amiga de un saxofonista de la Billos Caracas Boy.
Hoy, en el corazón de nuestra familia, la señora Nico sigue brillando con mucho cariño y respeto: una gran mujer, esposa, madre, abuela, tía, madrina, suegra y especialmente muy caritativa y solidaria con los más necesitados. Para su época fue una mujer moderna. Hoy, en su centenario no solo celebramos un siglo de su nacimiento, sino un siglo de ternura, coraje y modernidad que distinguió a las mujeres de su generación transformando el pensamiento de sus ancestros. Ella no fue una mujer pasiva, concebida solo para la crianza de sus hijos y los quehaceres del hogar. Para su época, donde las mujeres eran sombras silenciosas, tímidas, Nicolasa se erige como un vendaval de independencia. Desde muy joven se va a Caracas con su hermana María para trabajar en una fábrica. Y en Caracas conoce a Ramón, quien trabajaba como motorista en la panadería Solís, que quedaba en El Silencio, en el centro de Caracas. La esquina de Solís debe su nombre a Gustavo Solís, dueño de la panadería. Fue la época de Medina Angarita y Rómulo Gallegos la que le tocó a Nico y a Ramón.
Nico también fue ascensorista en los bloques de Pro-patria, subió y bajó ascensores durante muchos años. Esta dama de alta moral y buenos modales se cansó de ver suicidios, de gente que se lanzaba de los apartamentos, era una Caracas convulsionada por los acontecimientos políticos y económicos que se vivían desde la dictadura de Juan Vicente Gómez hasta el derrocamiento del maestro Gallegos.
Nicolasa era tan moderna que, al morir, pidió ser cremada en lugar de ser enterrada, cuando la cremación era todavía un tabú. No quería sacrificar a su familia con visitas al cementerio. Y así fue: la Sra. Nico fue cremada el 17 de agosto de 2011 en San Joaquín, estado Carabobo. La cremación debía haberse realizado al día siguiente de su muerte. Sin embargo, su hijo Héctor se hallaba en Lima, Perú, en ese preciso instante. Ella aguardó, dormida sobre aquel madero, la llegada de su hijo antes de ser entregada a las llamas como lo había pedido.
Nicolasa, sin duda alguna fue una gran mujer nacional, fue el corazón de su linaje: cuidó de sus hijos, nietos, sobrinos y ahijados con un instinto maternal de protección inigualable, haciendo todo por su familia. Arleny, una niña de El Morro de Puerto Santo fue criada por ella, a quien cariñosamente le decíamos La Piolinda, porque había traído muchos piojos de su pueblo natal cuando llegó a Catia. En el apartamento también pasaban largas temporadas: Nancy, Francys y Mile, las hijas de la señora Rafaela, pariente de Juana León, la madre de Ramón. Otra de sus sobrinas, criada por Nico fue La Negra, quien venía de San Casimiro. La señora Nico a sus ochenta años cocinaba y limpiaba su casa. Era incansable, fue una madera fuerte, quizás fue pariente del Samán de Guere.
Como suegra fue siempre mi compañera, un abrazo vivo, fue la abuela consentida y cariñosa de mis hijas. En sus cien años fue testigo de dictaduras, guerrillas, democracia, golpes de estados y revoluciones. Hoy al soplar sus cien velas en el cielo, en el mar de Margarita y en los parques elevamos oraciones para que su alma siga descansando en la paz del señor. El mar de la isla hoy alza sus olas con fuerza para acercar sus cenizas y hacerlas visibles en la orilla de la playa para que germine su nobleza, su coraje y decirle: “Nico siempre estarás presente en los corazones de quienes te amamos”. Suegra adorada, descansa en paz.
