Un Domingo de Ramos y Semana Santa Asuntina

Palabras Emergentes

Por: Edmundo Abigail Prieto Silva

«La Asunción es historia. La Asunción es tradición. La Asunción es religiosidad… La historia y la tradición de La Asunción son más grandes que su ciudad. Para corregir esta discordancia, sus habitantes elevaron su religiosidad al nivel celestial».

Leopoldo Espinoza Prieto

Hoy, Domingo de Ramos, inicio estas Palabras Emergentes —las últimas de este mes de marzo— con un epígrafe que armé de Tiempos de Reflexión, con especial referencia a la Semana Santa Asuntina; obra de mi primo hermano y compadre Leopoldo Espinoza Prieto, quien hoy estará en el Reino de Dios contemplando su ciudad en estos días santos.

Entrelazo mis palabras con citas del libro de Leo y los Evangelios de Lucas y Mateo. Decía Leopoldo, intercalando sus ideas con las de los evangelistas, que pocos días antes del infamante grito de: “¡Crucifícale! ¡Crucifícale!”, Jesús es proclamado Rey. Al celebrar su entrada a Jerusalén, el pueblo lo aclamó diciendo: «Hosanna, viva el Hijo de David, bendito sea el que viene en nombre del Señor. Hosanna en las alturas». Por eso, la Iglesia inicia con el Domingo de Ramos las conmemoraciones de la Semana Santa, para recordar un hecho que no puede pasar desapercibido ante los ojos de la humanidad: la derrota del miedo y el desafío a la autoridad legítimamente ejercida.

Insistimos hoy en el valor simbólico de las palmas y los olivos en esta celebración. El olivo ha sido quizás, desde los propios días del Diluvio Universal, el emblema natural más generalizado de la paz; es un árbol de prosperidad según creencias remotas del Medio Oriente. Por su parte, las palmas eran llevadas por los hebreos en las fiestas del tabernáculo, sitio donde se oficiaba el culto antes de la edificación del templo. Nos señala Leopoldo: «Es bueno recordar que a Jericó se le llamaba Ciudad de las Palmas».

Coronas de palma y hojas batidas en el aire o regadas por el camino son expresiones de victoria. La palma simboliza belleza y prosperidad. Apuntemos también que el olivo es un árbol siempre verde y de gran longevidad, «emblema de una piedad lozana y duradera». En Margarita, concretamente en La Asunción —donde las celebraciones religiosas tienen ganada una justa fama—, el Domingo de Ramos es una solemnidad extraordinaria, preparada con el mayor de los esmeros.

Concluyo estas Palabras Emergentes de hoy con frases textuales de Leopoldo Espinoza Prieto: «Jesús, el Domingo de Ramos, desafía todo el poder del Imperio. Ya está plenamente consciente de su destino redentor y no rehúye la responsabilidad que ha asumido con su Padre. Esa es la mayor de las enseñanzas que podemos derivar del hecho que hoy conmemoramos, y que ojalá sirva para abrir la mente y el corazón, y nos dé el propósito de luchar por la paz y la justicia, supremos mandatos que nos legara el Dios del amor y la bondad».

Así termino mi columna de hoy. Me despido hasta el próximo Domingo de Gloria y Resurrección.

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