
RECONQUISTA DE LA DIGNIDAD: UN MANDATO INELUDIBLE
POR: César Malavé Carvajal
Con mis elogios, críticas y hasta manifestaciones de odio, de quienes Nunca han superado la etapa de la mediocridad, A mis alumnos, a la juventud que se levanta dentro de nuestro partido, del Partido del Pueblo y a todo el pueblo venezolano: Los convoco, hoy, a una jornada de valientes y verdaderos políticos de esencia humanística. El país entero está llamando a una jornada de permanente significativo, movilización de consignas con adjetivo.
Como estudiosos de la educación y la historia, debemos recordar la tesis fundamental de Federico Engels: el trabajo no es solo un hecho económico, es el motor de la transformación humana. Fue el trabajo consciente y deliberado el que permitió la transición del antropoide al hombre, perfeccionando nuestra mano, expandiendo nuestra inteligencia y otorgándonos la capacidad de transformar la naturaleza para construir civilización. Mientras el animal simplemente se adapta a su entorno, el ser humano lo altera y le imprime el sello de su conciencia. Por tanto, el trabajo es nuestra esencia misma. Sin embargo, transformar la naturaleza y el paisaje social no es un acto sencillo ni fortuito; es una labor que demanda la entrega de nuestra fuerza vital. Es aquí donde la justicia social debe intervenir: ese esfuerzo transformador exige una compensación que se compadezca con la estatura de quien lo ejecuta.
Debemos elevar la voz para recordar que el hombre no vive de pan y agua. Un salario que solo alcance para la subsistencia biológica es un intento de regresión, una pretensión de devolver al trabajador a un estado de necesidad primitiva, despojándolo de su alma y de su derecho al cultivo del espíritu, al libro y a la belleza. El humanismo que predicamos nos exige una vida digna, donde el pan sea seguro pero la cultura también sea accesible.
Hago un llamado a la hermandad y a la unidad nacional en paz. Invito a mis muchachos, a esos adolescentes y jóvenes que son las hojas y flores de nuestro árbol vital, a participar masivamente en la dignificación del trabajo en contexto que rompa con las migajas de cestas alimentaras, seguridad sanitaria u otra oferta, que fuera del amito laboral es potestad del Estado constitucionalmente. El país nos reclama a darle valor a nuestros estudios y a nuestro trabajo. Hay que volver a la meritocracia en todos los ámbitos y sentidos; sobre la base del 91 constitucional. Es hora de dejar bien claro establecido con nuestras jornadas civilistas, que Venezuela no es un país de siervos, sino una nación de creadores.

