REIVINDICACIÓN DEL PACTO DE PUNTOFIJO

Por: César Malavé Carvajal

Se cumple un año más de la gran decisión política que evitó que Fidel Castro, durante cuarenta años, pudiera ponerle las manos al petróleo venezolano para desarrollar, en todo el ámbito de América Latina, sus propósitos imperiales. Al tiempo que permitió proporcionar la mayor estabilidad política al régimen democrático que los venezolanos recuperamos, el 23 de enero de 1958. El acto protocolar, de esta decisión trascendentalmente histórica, se realizó en la quinta “Puntofijo”, casa de habitación del ex presidente Rafael Caldera, de la cual tomó su nombre. El Pacto de Puntofijo, firmado el viernes 31 de octubre de 1958, fue un acuerdo suscrito por los tres principales partidos políticos, (AD, COPEI y URD) y creó las bases para la estabilidad y la gobernabilidad de la recuperada y aún débil democracia, asediada entonces por sectores extremistas de derecha e izquierda, civiles y militares, no democráticos.

Aun cuando fue un pacto suscrito formalmente por los líderes de los tres principales partidos, automáticamente se convirtió en un gran acuerdo nacional que en la práctica incorporó a todos los demás sectores del país, incluyendo a empresarios y trabajadores organizados, a la Iglesia, a los militares, a los gremios profesionales, y en general a todas las demás organizaciones y sectores sociales. Aquel acuerdo político se convirtió así en un pacto social, lo que vino a demostrar la influencia que ejercían los partidos y el alto grado de confianza que el país depositaba en ellos.

El sistema democrático recién recuperado, después del zarpazo contra el presidente Gallegos, el 24 de noviembre de 1948: con el apoyo y afecto de vastos sectores de la población, pudo enfrentar con éxito las conspiraciones militares que se produjeron a comienzos de la década de 1960, combatir y vencer a los grupos guerrilleros urbanos y rurales que entonces recibieron apoyo desde el exterior, particularmente desde Cuba y, finalmente liquidar las diversas manifestaciones de subversión y terrorismo. Un verdadero triunfo de la unidad y la política con P mayúscula.

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