Por: Juan José Prieto

-Oye JJ, escríbeme algo sobre la navidad, para imprimir  las tarjetas que regalaré al personal de mi empresa. Me solicitó un buen amigo.

    -Claro. Respondí, amable y comprensivo de tan bonito gesto. 

   -Solo que eso te costará unos veinte dólares, le anticipé

    -¡Coño! y tú cobras por esa vaina?

    Me replicó con cierto tono de contrariedad.

    -Recuerda que soy jubilado, y no percibo lo que con razón debería, además, escribir es un oficio muy noble, es un trabajo. Esta vez  mi voz, se escuchó firme.

    -Nojoda vale!, si lo que vas a escribir es una güevonada, ¡qué bolas tienes tú! Apuntó con rudeza.

    -Me quedé callado, y lo miré alejarse. Días más tarde me llamó.

    -¡Coño! JJ, tienes razón, eso de escribir es un trabajo, lo que pasa es que no lo percibimos así, porque para escribir hay que leer, y eso significa comprar libros, disculpa mi actitud, hermano. De todas maneras el negocio va, escribe un mensajito y te pagaré cincuenta dólares. 

    -Tranquilo, no ha pasado nada, cumpliré con mi parte. Le dije, como si de verdad no hubiera pasado nada, pero si pasó.

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