Jubilados: punto final

Por: Juan J. Prieto

Trabajar es el compromiso de quien aspire la mínima influencia de un mejor vivir, compartido con los seres más queridos. Hablo con las palabras inclinadas hacia un vacío perverso y cruel, como si el trabajador fuera una molestia, o mejor digo, el trabajador que más tarde se vuelve desahuciado desde los propios espacios donde entregó su juventud y muchos años de su adultez, que siempre supo hacer lo único que supo hacer, me refiero a cualquier oficio.

El calendario es inaplazable, pero la prolongación se va convirtiendo en un anónimo peso, el cuerpo va a tientas por la costumbre de ser útil. Comienzan los imprevistos en la salud cada vez más en vilo, se le suma entonces todas las mortificaciones que permanecían estacionarias en algún lugar, ocultas, esperando su turno para empeorar la existencia. Llega el punto de quiebre y ya seguir sirviendo se va haciendo cuesta arriba. Nos miran de reojo, con la claridad evidente de que nuestros días están contados en la oficina de toda una vida. Casi en secreto giran instrucciones que vayan adecuando el expediente de fulano porque le llegó la hora de largarse y dar paso a otro o a otra que correrá la misma suerte de un punto final.

El plumazo llega raudo, sin gracias ni agradecimiento, por poco se deletrea un «vete». Papel en mano de la despedida oficial. Sin querer, miramos alrededor y en segundos, en un leve suspiro sentimos una dolencia no sé donde, por dejar la escena de tantos recuerdos. Finalmente la fría partida, sin la espontánea sonrisa que estuvo dispuesta siempre, todos los días por muchos años.

Uno se marcha sin dar tregua a la ironía envuelta en la peor incertidumbre, un torbellino inquisidor prepara su acto final, allí nos damos cuenta que nos mirarán como si fuéramos nada, tanto que hicimos, ahora somos un papel desvencijado, arrugado, lanzado a una papelera.

La Asunción 2025

Una respuesta

  1. Por fin alguien escribió sobre los que en muchos casos son en el mejor de los casos olvidados, una jubilación que no sirve ni para comprar un caramelo, endulzada por un perrito bono de guerra yo no se contra quien a menos que sea contra uno mismo. En fin mis felicitaciones amigo periodista. Que Dios te bendiga.

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