EL CRONISTA QUE LA ASUNCIÓN MERECE
Por: César Malavé Carvajal
De cara al llamado realizado por la cámara municipal asuntina para el concurso de rigor a los efectos de elegir al nuevo cronista del municipio; después de la irreparable pérdida de Leopoldo Espinoza Prieto; hemos querido hacer unas reflexiones al respecto. Pretendemos destacar la vital importancia del cargo de Cronista Oficial de La Asunción, una figura que no solo está obligado a documentar el pasado, sino, a ser un custodio de nuestra identidad. Un navegante de la memoria colectiva que rechaza el mapa trillado de las batallas y los tratados.
Es un historiador del corazón que se inclina para escuchar los pasos de la gente sencilla. Su conocimiento no se mide por la cantidad de datos que puede recitar, sino por la profundidad con la que puede describir la luz que se cuela por los ventanales coloniales o el sabor de la sal en el aire. Conoce las historias que se construyen en el barrio, las anécdotas que se susurran en las tertulias y las penas silenciosas que se guardan bajo la sombra de un árbol. En ese acto, este cronista le devuelve el pasado a la gente a la que le pertenece, convirtiendo lo que parece trivial en el verdadero legado de una nación.
En ese espíritu, su pluma se convertiría en una extensión de las manos del pueblo. Su obra sería un arte tan fundamental y auténtico como el olor a pan asuntino El cronista sería un maestro de un oficio, de mi pueblo que, al igual que el campesino, transforma elementos humildes; el rumor de las calles, el gesto de una abuela, el aroma del pan recién horneado; el sustento de la memoria. En un pueblo donde la historia se amasa y se hornea, el cronista ideal entendería que el aroma a pan es un verso que se escapa de los fogones para unirse al murmullo de los muros, un acto cotidiano de defensa que le otorga a la identidad su sabor más puro.
Pero, sobre todo, este cronista sería un guardián de la esencia de su tierra. En la visión de Prieto Figueroa, el escritor no puede ser un «eunuco político», ajeno a la vida de su pueblo. Por el contrario, es un agente de cambio, un líder social que se compromete con la idiosincrasia de su gente. Su pluma se convierte en un faro que ilumina la resistencia más sublime, esa que no se libra con armas sino con valores. Sería un defensor subterráneo de un pueblo que en su quietud defiende sus tradiciones, su dignidad y su profundo arraigo. Porque en la belleza silenciosa de La Asunción, el cronista debe ser capaz de escuchar a las voces que no gritan, pero que persisten.
El cronista que La Asunción merece es un poeta que escriba la historia con el corazón, un maestro que enciende antorchas en la mente de sus lectores y un guardián que se compromete con el alma misma de la ciudad. Su mayor contribución no sería solo contar su historia, sino enseñarle al mundo que, en la tranquilidad de sus calles, en la paciencia de sus piedras y en el eco de sus voces, un pueblo protege su historia. El cronista debe ser, en esencia, la voz de un silencio que clama para que su verdad nunca sea olvidada.

Felicito al prof. Malavé por su texto. De acuerdo, ese es el cronista que necesitamos, que tenga sentido de pertenencia y que resguarde toda memoria, además de velar por la conservación de nuestros monumentos. Especial atención para el antiguo convento de San Francisco. Esperemos que el jurado evaluador elija el de mejor credenciales y de espíritu de identidad con cada uno de nuestros barrios, como así lo versó el maestro Prieto en su Mural de Mi Ciudad.