CUANDO LOS MUROS SUSURRAN POEMAS
Por: César Malavé Carvajal
En La Asunción, las paredes de cal y canto han sido, por siglos, guardianas silenciosas de un pasado noble. Sus fachadas, testigos mudos de historias de fundadores y batallas, solo reflejaban la luz del sol sobre una historia ya escrita en libros de crónicas. Era una ciudad que se sentía, más que se veía, donde el tiempo se detenía en cada calle empedrada y en cada arco colonial. Pero hoy, los muros han roto su silencio. Una explosión de color y vida ha despertado a la capital margariteña. El eco de los versos de Luis Beltrán Prieto Figueroa resuena, no ya en las páginas de su libro «Mural de mi ciudad», sino en cada rincón. Los murales, como poemas a gran escala, se despliegan para honrar ese mismo pasado que los muros de piedra guardaban con recelo.
Cada pincelada es una estrofa. Cada mural, un verso que entona el gentilicio, las costumbres y las tradiciones de un pueblo que se enorgullece de su historia. Allí se plasman los rostros curtidos de los pescadores, la danza de las velas al atardecer y la cadencia ancestral de la tradición margariteña, elevándose en las fachadas para contar una historia viva, vibrante y llena de orgullo. La Asunción ya no solo se lee en libros; ahora se camina, se vive y se respira en un gigantesco mural a cielo abierto. Las calles se han convertido en un lienzo, los artistas en cronistas y los habitantes en protagonistas de una galería que celebra la identidad colectiva. Cuando el arte y la historia se abrazan de esta manera, el resultado es una ciudad que no solo existe en el mapa, sino que se ha transformado en una obra de arte, pulsando en el corazón de su gente.
Sin embargo, no podíamos conformarnos con un susurro. La historia de La Asunción está tejida con los hilos de hombres y mujeres que, con su genio, la elevaron a la inmortalidad. Por eso, este nuevo lienzo urbano no puede omitir a quienes, con su arte, se convirtieron en baluartes de nuestra cultura. Es el caso de figuras ineludibles que aún no forman parte del bello mural de mi ciudad. Hemos querido ser parte de esta bella iniciativa y lo fuimos; pero al tiempo queremos insistir en que esta beldad majestuosa obra puede extenderse hacia la portada, donde se plasmarían los rostros de los maestros insignes asuntinos, habida cuenta de la presencia de la Casa del Maestro obra sin par en Venezuela. Comenzando con Miguel Suniaga y Goyo Romero
Por otro lado, la antigua avenida Táchira, pude ser otra parte del mural comenzando con su epónimo, Juan Cencio Rodríguez y terminar más allá de FEDECENE con la inmortal presencia de Jesús “Chucho” Indriago Campo. Mientras que para la calle que conduce a nuestro emblemático castillo estaría el rostro del mejor compositor margariteño, nacido en La Asunción: Perucho Aguirre
Desde nuestra humilde tribuna, hacemos un llamado a nuestro amigo, el alcalde, Alí Romero Farías, para que estudie la posibilidad de incorporarlos a esta beldad que nos enorgullece. Al honrarlos, los muros de La Asunción no solo susurran, sino que se alzan. Cada pincelada y cada mural no es solo un poema, sino un ladrillo más en el panteón de la memoria. Así, la histórica, silente y hermosa capital, se reinaugura, no solo como un mural a cielo abierto, sino como una nueva montaña de gloria, un testamento vivo a la grandeza de su gente y de su historia. Sabiendo de la altísima condición humana, la receptividad y el amplio proceder democrático y plural, de Alí Romero, estamos seguros que el testamento vivo de la grandeza asuntina será una realidad.
