LA TRAICIÓN Y LA DETENCIÓN DE ANTONIO PINTO SALINAS
Por: César Malavé Carvajal
…Y dijo: ¿Qué me quieren dar, y yo se lo entregaré a ustedes? Y ellos le dieron
treinta monedas de plata.
Mt. 26:15
La traición es tan vieja como la historia misma. Acción Democrática no han escapado a ella. Hace 72 años, sus garras guillotinan la cabeza del Partido del Pueblo, cuando la acción de “un sapo” forja la detención de Antonio Pinto Salinas. Consumados los asesinatos de Nieves Ríos, Ruiz Pineda, Wilfredo Omaña, Carnevalli y presos consecutivamente, entre abril y junio de 1953, Eligio Anzola y Rigoberto Henríquez Vera, la persecución de la dictadura se centra en el nuevo secretario general de Acción democrática, Antonio Pinto Salinas, contra él va la hueste de la sanguinaria Seguridad Nacional. La dirección Nacional Clandestina del Partido del Pueblo, Acción Democrática, en un intento de proteger su vida, resuelve sacarlo del país transitoriamente, dada la circunstancia de que era cada vez más difícil tenerlo escondido en Caracas.
La desafortunada delación de un traidor, Gustavo Mascareño, puso en conocimiento de la Policía asesina y terrorista de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez todos los detalles del plan de viaje: nombre de sus acompañantes, número de placa, marca del vehículo, hora de salida, ruta y hora de llegada a los diferentes sitios de la vía. Por ello resultó inequívoca y fácil su captura y la de sus acompañantes. En horas del mediodía del miércoles, 10 de junio de 1953, en la alcabala de Pariaguán, estado Anzoátegui, estaba esperándolo una brigada de la Seguridad Nacional, previamente advertidos. La comisión de la Dirección de Seguridad Nacional estaba integrada por Isidro Marrero Méndez, Braulio Barreto (Barretico), Rodolfo Montiel, Ángel Roberto Díaz y Luis Castillo Lozada quienes lo llevaron a las oficinas de la SN en El Tigre.
Ese día Acción Democrática se queda sin dirección en la calle, lo que obliga a Eligio Anzola Anzola a asumir desde la cárcel y, adolorido por la tortura, una estrategia para levantar la moral partidista. Sin embrago, la dirección nacional decide que el nuevo secretario general sería Héctor Vargas Acosta, quien aún estaba en libertad clandestina.
El jueves 11 de junio deciden trasladarlo a Carcas, donde nunca llega. El 11 de junio de 1953, esposado y rodeado de matones caía fulminado por una ráfaga de ametralladora el valiente dirigente de la resistencia; era una madrugada en la carretera de San Juan de los Morros, estado Guárico, donde también había sucumbido meses antes Alberto Carnevalli, víctima del cáncer no tratado oportunamente, por cuanto estaba en una mazmorra en la penitenciaria, acusado de actividades conspirativas.
