El Apagón

Por: Pedro González Silva

Recientemente hubo un gran “apagón” en España y Portugal, información que recorrió el mundo como algo extraordinario. Aquí en Venezuela, los vivimos frecuentemente, no sabemos si es noticia para el resto del mundo.

Dicho apagón sirvió de inspiración para que alguien, en España, escribiera unas “Reflexiones bajo la luz de una vela”, las cuales están recorriendo las redes sociales. El original fue, según señala el desconocido autor, escrito a mano y luego transcrito, porque el celular se quedó sin carga de batería.

Me llegó este escrito y me identifiqué con mucho de lo que allí señala el autor. Me pregunto si por estos lados, alguien ha tenido este tipo de reflexiones, o sólo nos hemos quedado quejándonos de la situación.

He querido compartir con ustedes este escrito, mis queridos lectores. Creo que los de mi generación (de “Los Picapiedras” más o menos jaja) se sentirán identificados, no así los “millenium” y los que les siguen, para quienes vivir sin redes es no tener oxígeno. Leamos.

¿Ha sido culpa de la luz… o de la oscuridad?
¿De los buenos… o de los malos?

Nos hemos dado cuenta de algo profundo:

  • Que el dinero en efectivo, ese papel olvidado, es en realidad muy efectivo
  • Que Bizum y las tarjetas se volvieron inútiles, tan frágiles como una promesa rota.
  • Que los coches eléctricos… son un timo envuelto en marketing verde.
  • Que los combustibles fósiles, tan demonizados, fueron ángeles disfrazados, los que
    mantuvieron en marcha ambulancias, hospitales y hogares.
  • Nos hemos dado cuenta…
  • Que lo digital no vale sin energía.
  • Que el papel, ese viejo compañero, sigue siendo necesario.
  • Que podemos sobrevivir sin teléfonos móviles, sin series, sin Netflix, sin fútbol… y no nos morimos por ello.
  • Descubrimos
  • Que Amazon y AliExpress no sirven cuando de verdad los necesitas.
  • Que la ferretería de barrio fue quien nos salvó el cuello.
  • Que los grandes centros comerciales cerraron sus puertas, nos dieron la espalda, mientras la pequeña tienda del barrio alimentó a los suyos.

También nos dimos cuenta

  • Que las ciudades son trampas: los ascensores, los metros, las calles… todo se volvió jaula y. que el pueblo, sí, el pueblo, es a donde hay que volver.
  • El pueblo es humano. El pueblo es amable.
  • Hemos aprendido que:
  • Debemos ser autosuficientes,
  • Que dependemos demasiado de los demás,
  • Que somos marionetas en manos de unos pocos,
  • Que la tecnología no es tan buena como nos vendieron,
  • Que la inteligencia artificial no funciona sin energía, y que, en un momento de apuro, la vecina vale más que todos los seguidores del mundo digital.

Tal vez… Tal vez nos están enseñando así, con dureza, con oscuridad, con silencio.
Porque el camino que seguimos… es un callejón sin salida.

El que tenga ojos, que vea.
El que tenga oídos, que escuche, ¿y el resto?… a seguir durmiendo…

starpetrvs@gmail.com

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