ANDRÉS ELOY BLANCO

César Malavé Carvajal

Hace 70 años, el 21 de mayo de 1955 el usurpador, coronel Marcos Pérez Jiménez asesina en México, al bardo cumanés, el más noble trovador venezolano. Su último exilio en su constante lucha contra los absolutismos. Moría físicamente el poeta, escritor, abogado político, parlamentario, periodista, humorista y por encima de cualquier título; inmenso adeco venezolano, quien se convirtió en voz poética universal con colosal vitalidad que lo llevó a recorrer con su lírica los más recónditos rincones para inmortalizar a hombres y mujeres de lucha y trabajo y su entorno de tan hermosa manera que su canto poético se eternizó en su gente para siempre. Su poesía se convirtió en pueblo.

Un mes después, de ese mismo año de su muerte, fue trasladado al país para su sepelio y los esbirros de turno ante el miedo de la revuelta convirtieron su retorno en un acto de extrema seguridad. Censura y opresión se mostraron en esos días con mayor firmeza, aunque ya la semilla de la libertad había nacido Su historia personal está jalonada de largos secuestros carcelarios, de prolongados exilios y de ardorosas contiendas parlamentarias.

Sabía que la barbarie le había puesto precio a su indeclinable y terca actitud democrática y libertaria. Ya en Giraluna lo sentía, específicamente en su poema Clase, «Nacimos en la pura tierra de Venezuela/la del signo del éxodo/, la madre de Bolívar/la de Sucre y de Bello y de Urdaneta/y de Gual y de Vargas y del millón de grandes/más poblada en la gloria que en la tierra/la que algo tiene y nadie sabe dónde/si en la leche, la sangre o la placenta/que el hijo vil se le eterniza adentro/y el hijo grande se le muere afuera. Y él murió como el más grande hijo de Cumaná y uno de los magnos de la Patria de Bolívar, desterrado como perseguido político, por combatir el autoritarismo y ser militante de la libertad y la democracia. Su ejemplo debe ser aliciente para arreciar la lucha, salir de esta oscura noche, para que más nunca un hijo bueno de la Patria muera fuera de su seno. El ejemplo de Andrés Eloy, señala el camino.

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