
ALTAR DE HUMILDAD Y PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD
Por: César Malavé Carvajal
Cuando las sombras de la tarde comienzan a alargarse sobre las faldas del Cerro Matasiete y el aire se impregna del aroma a incienso que emana de nuestra Catedral, La Asunción se transfigura para recordarnos por qué ostenta con hidalguía el título de capital religiosa del oriente venezolano. En este Martes Santo, la Ciudad del Silencio no solo custodia una tradición, sino que celebra un hito histórico de su gentilicio: la promulgación del Decreto 009-2026 por parte del Concejo Municipal de Arismendi, que declara nuestra Semana Mayor como Patrimonio Cultural Religioso de nuestro municipio.
Este paso de altura institucional es el fruto de esa misma humildad y paciencia que hoy veneramos en la imagen sagrada de nuestro Cristo sentado en su pedrusco. Así como él aguarda con infinita mansedumbre, los asuntinos hemos sabido esperar con constancia y fe el momento en que nuestra identidad fuera blindada por la ley, entendiendo que este reconocimiento municipal es apenas el primer destello de una luz que aspira a ser nacional y, eventualmente, a brillar ante la UNESCO como herencia de la humanidad.
. Al caminar por nuestras calles coloniales, entendemos que cada paso de los cargadores y cada oración que asciende por las naves de la segunda Catedral más antigua del país, forman parte ahora de un legado protegido para las futuras generaciones. Esta declaratoria refuerza nuestro compromiso colectivo de preservar nuestra hermosa tradición religiosa. En el crepúsculo de este Martes Santo, con la seguridad que nos otorga este nuevo estatus patrimonial, reafirmamos que La Asunción es, por antonomasia, el faro que ilumina con sabiduría y paciencia los misterios más hondos de la Pasión, consolidándose como el baluarte inexpugnable donde el cielo y la tierra se abrazan en un compromiso eterno de fe, cultura y esperanza universal.
Esta declaratoria es nuestra primera base documental y jurídica para llegar más lejos. Con ella damos a la devoción asuntina el impulso necesario para proyectarse hacia el reconocimiento nacional y, eventualmente, ante la UNESCO. Es la unión de la fe increíble de los asuntinos con la gestión formal de sus instituciones, trazando un rumbo claro donde la sencillez de nuestras tradiciones se convierte en un valor universal. Hoy, Martes Santo, cada paso de quienes participamos en esta procesión, imprime a nuestra Semana Santa una dimensión de patrimonio de la humanidad, asegurando que el legado de La Asunción trascienda las fronteras y el tiempo.
