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Fundación Niños Lectores Nueva Esparta…celebra sus 10 años en Homenaje al Escritor y
costumbrista José Joaquín Salazar Franco, “Cheguaco” en el centenario de su nacimiento.

de pronto un ojo extraño se abre en las almohadas,

cruzan labios volando la niebla,

surgen intempestivas voces

de olvidados amantes (…)

Dos Cuerpos

Eugenio Montejo (fragmento)

Por: Mirimarit Paradas

Para quienes vivimos en el siglo XXI, leer significa ver y entender un escrito; implica generalmente un contacto visual, individual y silencioso entre nosotros (el hombre) y el texto. Dejando claro desde luego, que no siempre fue así, pues primero prevaleció la lectura en voz alta y hasta la recitación e inclusive antes de este período la lectura fue casi exclusivamente oral. Saber esto nos lleva a reconocer la ardua y efectiva labor que ha venido desarrollando La Fundación Niños Lectores del estado Nueva Esparta durante estos 10 años, motivando a grandes y chicos, estudiantes y docentes a enamorarse de los libros, a considerarlos una herramienta necesaria para el enriquecimiento del lenguaje y el conocimiento, generando la reflexión y el análisis sobre temas y situaciones diversas.

De allí que la lectura se ha convertido en una de las experiencias más impactantes y enriquecedoras para el análisis y a la apreciación desde el punto social y cognitivo y es que a lo largo de estos diez años la Fundación se ha venido destacando por sus acertados encuentros, eventos literarios y culturales en homenaje a agrupaciones musicales, escritores y cronistas que por su larga e importante trayectoria han sembrado su maruto en esta tierra margariteña… germinando las semillas del saber, correspondiendo en esta oportunidad al querido y siempre recordado José Joaquín Salazar Franco “Cheguaco”, “el hombre del Sombrero que habla y que camina” como le llamo el recordado y querido profesor de la Escuela de Letras de la Universidad de los Andes y quien además ocupó durante algún tiempo la dirección de cultura regional.

En esta oportunidad la reconocida Fundación bajo la presidencia de la Dra. Yanet Màrquez López, la Coordinación de La Profesora Magaly Patiño, acompañadas de la Dra. Grecia Salazar, Azalea Figueroa, Dr. Verni Salazar y quien escribe esta columna. Hicieron acto de presencia en la casa familiar de Cheguaco, nuestro José Joaquín Salazar Franco en la población de La Tacarigua de Margarita. Acompañados de docentes y estudiantes de instituciones educativas públicas y privadas, quienes fueron atendidos por hijas y nietos del homenajeado escritor, además del Cronista y reconocido baluarte cultural de la región, autor de la letra de la afamado tema musical “Los Zapatos Maqueros”, quienes mostraron fotografías, libros, biblioteca, espacios y pertenencias. Al salir de la casa de Cheguaco, guiados por Domingo Carrasquero se realizó un recorrido desde la Iglesia Corazón de Jesús, la casa del Artista Plástico Andrés Salazar Yekho, hasta llegar a la Casa de la Cultura Poeta Pedro Rivero Navarro, donde se disfrutó de la participación musical de la Escuela de Cantos Tradicionales acompañados de Felito Gil, director del recinto cultural en el cuatro, Andrés Martínez en el Bandolín, acompañados de las voces de las niñas Isabel, Amanda y Lucía y sorpresivas interpretaciones de las consagradas artistas Ana María Guzmán, y Crucita Márquez. Sin dejar de mencionar las interesantes conversas sobre el acontecer formativo, familiar y anecdótico de José Joaquín en las voces de Verni Salazar, Domingo Carrasquero y Mirimarit Paradas.

Es importante destacar que durante estos diez años ha mantenido un trabajo permanente en la promoción de lectura, talleres y actividades docentes a estudiantes y ejecutando sus proyectos bandera “El Libro Va a La Escuela” y el “Encuentro de Niñas, Niños y Jóvenes Lectores”.

El 27 de julio de 1926 nació en Tacarigua, en el estado Nueva Esparta, José Joaquín Salazar Franco, figura que con el tiempo sería reconocida bajo el seudónimo de Cheguaco. Historiador, escritor, folclorista y dirigente social, dedicó su vida a rescatar la memoria cultural de la isla de Margarita y a promover la organización comunitaria. Falleció el 30 de septiembre del año 2000, en La Asunción, ciudad que también se convirtió en uno de los grandes temas de su obra.

Infancia y formación

Hijo de Julián Salazar Lárez y Jerónima Franco de Salazar, creció en un entorno humilde donde la agricultura era la principal actividad. Desde muy pequeño conoció el esfuerzo del trabajo: fue vendedor de arepas, empanadas, pasteles, chorizos y dulces preparados por su tía Eufemia Franco, los cuales ofrecía por las calles de Tacarigua

Cheguaco cursó la primaria en Santa Ana del Norte, hasta donde caminaba diariamente desde su pueblo natal. Allí tuvo como maestro a José Jesús Salazar, quien influyó notablemente en su formación. A los 13 años, gracias a su impulso, comenzó a escribir para el periódico escolar Presagios, experiencia que marcaría su primer contacto con el mundo de las letras.

Más tarde completó la primaria en La Asunción, donde empezó a gestar ideas para futuros trabajos literarios. Aunque sus estudios no pasaron de sexto grado, fue un lector incansable y un autodidacta que se formó en lo que él mismo llamó «la universidad de la vida».

Juventud y primeros compromisos sociales

Antes de cumplir los veinte años ya se encontraba involucrado en actividades
culturales y sociales. 
Fue miembro del Centro Cultural Guevara, de la Junta Pro-fomento de Tacarigua, de la Liga Campesina y participó en la fundación de la Federación de Trabajadores del Estado Nueva Esparta, creada en 1946.

Ese mismo año viajó a los campos petroleros de El Tigre (Anzoátegui), donde trabajó como obrero y se unió activamente al movimiento sindical, participando incluso en congresos nacionales de trabajadores. En 1949 regresó a Margarita para dedicarse nuevamente a la agricultura.

Su experiencia como síndico fortaleció sus convicciones sobre la justicia social y la necesidad de defender los derechos laborales, un compromiso que lo acompañó durante toda su vida.

Vida personal

Cheguaco contrajo matrimonio con Consuelo Velásquez, con quien formó una familia numerosa: tuvieron nueve hijos, cuatro varones y cinco hembras. La unión familiar se convirtió en uno de los pilares de su vida y, posteriormente, en la base de la Fundación Cheguaco, institución creada por sus descendientes para preservar y difundir su obra.

Carrera cultural y pública


A partir de 1958 se incorporó como escribiente en la Oficina Principal del Registro Público del estado Nueva Esparta
, cargo que desempeñó hasta su muerte. Desde allí, y también en otros puestos públicos como secretario de la Prefectura del Distrito y de la Junta Comunal de Tacarigua, tuvo acceso a documentos y archivos antiguos que alimentaron sus investigaciones históricas.

Participó activamente en la Federación de Centros Culturales de Nueva Esparta (FEDECENE) y en 1987 fue designado cronista oficial de Tacarigua. Su labor se extendió también al periodismo: además de ser cofundador de Presagios, colaboró en numerosos medios dentro y fuera de Margarita, entre ellos Antorcha de El Tigre, El Tiempo y Diario Oriente de Puerto La Cruz, Marejada, Margariteñerías, La Voz de Juangriego, El Insular, Réplica, Bitácora, Saloma y El Comercio.

Asimismo, fue un activo conferencista: dictó más de un centenar de charlas en diversas regiones del país y pronunció alrededor de cincuenta discursos de orden en Nueva Esparta, Anzoátegui, Monagas y Guayana. Su voz también estuvo presente en los medios radiales y televisivos, participando constantemente en el programa Nueva Esparta es Poema y Folklore, conducido por el cantautor margariteño Francisco Mata.

Escritor e investigador de la identidad margariteña

La vocación de Salazar Franco como escritor surgió del interés por preservar la memoria de su pueblo. Registró costumbres, canciones, leyendas y relatos transmitidos de generación en generación, consciente de que podían perderse con el paso del tiempo.

En 1971 publicó su primer libro, La Tacarigua de Margarita, obra que marcó un hito en la literatura regional. A esta le siguieron títulos de poesía como Murmullo del Breñal y Un grito en la Hondonada; de narrativa breve como Brotes sobre la tierra ñera y Los terrazgos de Cheguaco; y de historia como Rastrojeo de la historia margariteña, Bolívar en el anecdotario popular margariteño, Breve semblanza del General Francisco Esteban Gómez, La Asunción, ciudad prócera (2000) o La expedición de Los Cayos en el andar del tiempo. Estas obras inspiraron a muchos poetas de las nuevas generaciones, como Manuel Araguallán.

También dedicó buena parte de su producción al folclore, con textos como Margarita y su artesanía primitiva, Mitos y creencias margariteñas (1999), Usos y costumbres tradicionales en Margarita, Consejas y leyendas margariteñas y El Cercado, su gente y su cerámica. Al momento de su muerte dejó dieciséis manuscritos inéditos.

Reconocimientos y legado

El 12 de abril de 1988 fue declarado Hijo Ilustre del Municipio Gómez, junto a su maestro José Jesús Salazar, como reconocimiento a su aporte al desarrollo cultural y social de la región.

Tras su muerte, sus hijos impulsaron la Fundación Cheguaco, dedicada a rescatar sus escritos inéditos y a difundir la obra de otros autores de Tacarigua. Gracias a esta labor, varias publicaciones han visto la luz póstumamente, consolidando el legado de un hombre que dedicó su vida a estudiar y difundir la historia margariteña.

Fallecimiento

El 30 de septiembre de 2000, en La Asunción, falleció José Joaquín Salazar Franco. La fecha coincidió con el Día de San Jerónimo, patrono de traductores y bibliotecarios, una coincidencia simbólica para quien dedicó su vida a salvaguardar la memoria y el conocimiento de su tierra.

Cheguaco dejó como herencia una vasta obra escrita y un ejemplo de compromiso con la cultura popular. Es recordado como uno de los primeros historiadores sistemáticos de Margarita, cuya voz aún resuena en la identidad de la isla y en la conciencia de sus habitantes. Hasta la próxima les dejo con los versos de Eugenio Montejo: “Con pasos furtivos se reencuentran/solamente la luna que es redonda”.

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