El valor de la vida

Por: Susana Morffe

Todo es posible en la vida desde que iniciamos el cambio de un cómodo sistema de gestación en la parcela materna, hasta que abrimos los ojos al mundo que nos espera.

De uno redondo pasamos a otro cuadrado, con mentalidades justificadas para tales propósitos.

¿La vida cuesta? A algunos mortales les ha tocado ser un esqueleto y quedar como un espinazo.

La vida cuesta cuando ataca una guerra, sin tener parte de ella en algún punto geográfico del mundo.
Sentirse acorralado, con susto, pánico y terror es la guerra silenciosa y convierte en chatarra el ser humano con certera puntería al estómago y probablemente desde su mesa.

La vida cuesta cuando la guerra comienza con el hambre, quizá falta alimento o la familia no se puede sostener con lo poco que gana para su sustento.

En general, niños, jóvenes adultos, mujeres y hombres, son golpeados por ese nocaut fulminante por una circunstancia que no correspondía vivir ¡Caramba, cómo cuesta la vida!

El costo de la vida nos transforma en chatarras y hasta las “balas frías” quedan acuarteladas, no hay alimentos para tanta gente.

Es el genocidio de estos aciagos tiempos frenéticos. Mientras los soldados de plomo, van exprimiendo lo que resta en las centrífugas.

La vida cuesta y estamos en peligro, por un ataque foráneo y un ataque interno.

Ha sido muy duro entender que la vida costará un exterminio cultivado desde las vísceras revolucionarias.

La vida cuesta y no hay elección posible para decidir entre una bala de cañón o una “bala fría”, así se debate la vida y muerte de la gente.

La Biblia, el libro más leído sobre la historia y fin del mundo, sentencia: “No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo”. Cómo cuesta la vida.

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