Marcando El Rumbo…

EDUCAR PARA LA JUSTICIA Y LA VERDAD

Por: César Malavé Carvajal

En el marco de la llegada de los Reyes Magos recordamos que la sabiduría es un camino de búsqueda. Mi pensamiento nace de esa vocación de fe, una que me impide aceptar a los «reyes» que los seres humanos pretenden imponerse unos a otros. Pero para que un pueblo no acepte imposiciones, necesita la herramienta más poderosa de la libertad: la educación. No hablo de una instrucción mecánica, sino de la necesidad de educar para el hecho cívico. La educación es el único camino para que la democracia deje de ser una «oralidad» vacía y se convierta en una práctica diaria. Un pueblo educado es un pueblo que no puede ser engañado por la politiquería, que entiende sus derechos y que exige una justicia horizontal y absoluta verdadera. Sin educación, la autonomía de poderes es una frase técnica; con educación, es una exigencia ciudadana.

Es en las aulas y en el hogar donde debemos formar para la honestidad, siguiendo el ejemplo de aquel «maestro» político que entendió que la ética es la base de todo. Educar es preparar al ciudadano para discernir entre el arrepentimiento verdadero y la hipocresía. El perdón es una virtud que se otorga al que reconoce su error, pero la ley debe actuar en su justa medida frente al cínico que simula virtudes para retener el poder. Solo una sociedad educada tiene la claridad moral para aplicar esta distinción. Esta formación ciudadana es la que garantiza un voto libre y sin vetos. La educación nos enseña que la soberanía no se delega ciegamente, sino que se ejerce con responsabilidad. Todo venezolano que no haya delinquido y que no esté vetado por la Carta Magna debe participar, y es la educación la que le da las herramientas para elegir con conciencia, rechazando cualquier injerencia extranjera y defendiendo la autodeterminación desde el conocimiento, no desde el fanatismo.

Si somos demócratas, debemos practicar la democracia, y la primera práctica democrática es educar al soberano. La política debe dejar de ser el arte de dominar a los ignorantes para convertirse en la ciencia de convivir entre iguales. La verdadera epifanía que hoy necesita nuestra nación es una revolución de las conciencias. Que la estrella que guíe a Venezuela sea una educación que nos haga libres, una justicia que nos haga iguales y una honestidad que nos devuelva la paz.

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