Marcando El Rumbo…

¡FELIZ AÑO NUEVO 2026!

Por: César Malavé Carvajal

El final del año es, tradicionalmente, un periodo de balance y proyecciones. Desde nuestro valle heroico y silente en La Asunción, hasta las costas que abrazan a toda Nueva Esparta, las palabras que intercambiamos en estos días no son meras fórmulas de cortesía. Condensan expectativas comunes y revelan cómo nuestra sociedad se relaciona con el futuro. Sin embargo, hoy ese enfoque parece diluirse, reemplazado por fórmulas más cautas, casi por un desgano colectivo ante la situación que atraviesa Venezuela y de la cual nuestra amada isla no escapa. Esta mutación del lenguaje es señal de una transformación de nuestros sueños. No es casual que hayamos dejado de desearnos prosperidad justo cuando hemos dejado de creer en ella. 

Nos hemos acostumbrado a la «resiliencia», pero una sociedad que solo aspira a ser resiliente termina aceptando que el mundo no se gana, sino que se soporta. Y ningún pueblo puede renunciar a la convicción de que el empeño debe traducirse en pujanza. Convertir la resistencia en un fin último implica aceptar que el futuro está condenado a ser una repetición defensiva del presente. Recuperar el anhelo no es nostalgia, es un acto de confianza. Es mirar el crepúsculo de Juan Griego y entender que la oscuridad es solo el preludio de un nuevo amanecer. Es caminar por nuestra Plaza Bolívar o alzar la vista hacia el Castillo de Santa Rosa y reconocer que nuestra historia está hecha de superación, no de rendición. Esa esperanza se renueva cada mañana al levantar la mirada hacia nuestro imponente Matasiete. Ese cerro, testigo de nuestras gestas más gloriosas, nos recuerda que la esperanza no es una ilusión, sino una cumbre que estamos destinados a alcanzar.

Esta noche, cuando el reloj marque el final de este ciclo, volveremos a ese saludo tan nuestro, tan venezolano, que rompe cualquier muro: «¡Feliz año, madre! ¡Feliz año, hijo! ¡Feliz año, amigo!» Porque, al final, entendemos que los años pasan y debemos aprender a pasar con ellos. Pero que ese «pasar» no sea un simple transcurrir de resistencia. Que el 2026 nos encuentre de pie, recuperando el derecho a la prosperidad y la paz. Porque por encima de cualquier desgano, nos sostiene la convicción inquebrantable de que Nueva Esparta nació para luchar, y en esa lucha por lo mejor, es donde volveremos a encontrar nuestra verdadera grandeza. ¡Feliz y Próspero Año Nuevo para todo nuestro estado Nueva Esparta!

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