¡PROTEJAMOS EL CASTELLANO! LA GRAMÁTICA NO SE NEGOCIA
César Malavé Carvajal
Nuestra lengua es uno de los puentes más sólidos que poseemos. El castellano, hablado por más de 500 millones de personas, es un tesoro de unidad y cohesión cuyo valor reside en su capacidad de ser comprendido sin esfuerzo desde Caracas hasta Madrid. La labor de la Real Academia Española (RAE) no es dictar la moda, sino custodiar esta coherencia para garantizar que el idioma siga siendo un vehículo de comunicación claro y funcional.
Los cambios son inherentes a una lengua viva, pero deben ser validados por la democracia del uso, no por decretos políticos. Las transformaciones reales y duraderas solo emergen del consenso mayoritario y la estabilidad a largo plazo de los hablantes, demostrando que son necesarias para la economía y la lógica del sistema.
Sin embargo, en el debate actual, vemos cómo ciertas propuestas de lenguaje inclusivo buscan imponerse desde premisas ideológicas, partidistas, trincheras trasnochadas o activistas populistas que buscan protagonismo sin méritos; priorizando una agenda política partidista sobre la estructura gramatical. El intento de forzar el desdoblamiento constante (los y las) o introducir morfemas ajenos a nuestra morfología no atiende a una necesidad lingüística, sino a una motivación extralingüística.
La gramática es, por definición, la estructura lógica que nos permite entendernos con precisión. Confundir la politiquería con la gramática es un error que amenaza con fragmentar la unidad del castellano. Si existe sexismo, este reside en el discurso y en la sociedad, no en el sistema lingüístico en sí, donde el masculino ya funciona como término genérico.
Protejamos el castellano; defendamos su lógica. La claridad de la gramática no nos hace menos justos; nos hace más capaces de comunicarnos de manera efectiva. La lengua debe servir a la comunicación, no a una ideología particular e interesada.
