Es cierto
Por: Juan José Prieto
Es cierto. Cuando murió Juan Leyenda las mujeres que amó no fueron a su funeral.
Las calles permanecieron en silencio, solo se escuchaba el redoblar de las campanas anunciando que alguien había muerto en Arcadia.
Él mismo trajo los pesados bronces de España, en un bergantín cargado de vino y mujeres que nunca amó.
Es cierto. Que Juan Leyenda nunca hizo amigos ni enemigos, que su féretro lo llevó una carreta tirada de dos caballos entrenados por él mismo para el día de su muerte. Juan Denube fue su lugarteniente, y fue quien lo vistió con la ropa que el difunto dejó lista para cuando muriera, y lo trepó a la carreta.
Es cierto. Que a Juan Leyenda no lo pasaron por la iglesia, porque al cura se le nubló la memoria con solo oír su nombre, era el único que sabía el Padre Nuestro. Lo peor, es que los monaguillos no sabían rezar. Por eso nadie rogó por el alma de Juan Leyenda. El día que murió Juan Leyenda el alguacil murió de repente, nunca se supo si de pasmo o de alegría.
Es cierto. Que Juan Denube sepultó a Juan Leyenda, solo, con sus manos llenas de barro y sus ojos ahogados en llanto. Juan Denube tampoco aprendió a rezar, porque jamás le interesó Dios.
Es cierto. Que Juan Leyenda tenía doscientos años y Juan Denube unos menos. Es cierto que días después del entierro apresaron a Juan Denube. Él preguntó por qué lo hacían, y le respondieron: “porque nunca supimos quién era Juan Leyenda y tú vas a decirlo”. ¡Claro!, dijo Juan Denube: “este pueblo, es y seguirá siendo de Juan Leyenda, todos ustedes, más sus generaciones, son hijos y nietos de él, las mamás de ustedes fueron las únicas mujeres que él amó, todo era de él”.
-Y al cura, por qué se le fue la memoria al oír su nombre? Preguntaron también.
-Porque es un hijueputa. Respondió Juan Denube.
La Asunción 2025
