LA PELIGROSA RETÓRICA DE LA DESOBEDIENCIA MILITAR
Por: César Malavé Carvajal
El presidente colombiano, Gustavo Petro, ha demostrado una vez más su propensión a la retórica incendiaria, esta vez con una provocación directa al corazón militar de Estados Unidos. Su llamado en Nueva York a los soldados estadounidenses para que «desobedezcan la orden de Trump» y obedezcan la «orden de la humanidad» es, más que una declaración, un peligroso ejercicio de funambulismo diplomático. La acción no es solo un gesto político de alto riesgo, sino una ruptura del protocolo internacional que busca injerirse en la cadena de mando de un país aliado. Al invocar la «humanidad», Petro intenta dotar a su llamado de una superioridad ética inobjetable. Sin embargo, su gesto es selectivo.
Es fácil solicitarles a los militares de otra nación que rompan su juramento, pero las consecuencias de tal desorden recaen primariamente en la disciplina de las instituciones de la potencia criticada. La inmediata revocación de su visa por parte del Departamento de Estado de EE. UU. es la respuesta lógica a este desafío. Washington no podía permitir un precedente donde un jefe de Estado extranjero incita a la sedición militar en su suelo. El mayor impacto, no obstante, se siente en Colombia. La oposición, y figuras influyentes, no tardaron en replicar el mismo principio, pidiendo a las Fuerzas Militares colombianas que también desobedezcan al propio Petro si sus órdenes son inconstitucionales.
Esta reacción expone la fragilidad y el doble rasero de su argumento. Al normalizar la desobediencia militar como herramienta política, el presidente colombiano ha abierto una caja de Pandora que amenaza la estabilidad y el respeto por la Constitución en su propio país. Petro se consolida como un líder global que prefiere la tribuna y el choque ideológico a la prudencia diplomática. Su postura, aunque coherente con su base ideológica, cuesta credibilidad y tensas
relaciones cruciales. En el tablero geopolítico, la voz de un presidente que alienta el caos en el ejército de un socio es una nota discordante que solo beneficia a sus adversarios.

Petro, reconocido mundialmente por su comportamiento público indigno de un presidente en ejercicio, peca de imprudente con su llamado injerencista a los militares de EE.UU.