¡El imperio de la mentira y la política del miedo!
Por: Enrique Prieto Silva
En un enjundioso estudio geopolítico, combinado con una apreciación de la situación, hemos hecho el esfuerzo por entender y descifrar el acontecer geopolítico en Venezuela y el pensar de los venezolanos sobre esta situación, quienes al parecer, en una sinopsis real y especulativa, nos hace arribar a una realidad que nos saca de la lógica hasta atormentarnos, ya que nunca pudimos imaginarnos la sordidez manifiesta en los medios de comunicación social y en las redes sociales, las que por su liberalidad, no tienen el control evaluador del crítico veraz avalado por la sindéresis; es decir, hay un atormentador dislate que no nos atrevemos a comprender aplicando los master y doctorados. Algo tan peligroso, que querámoslo o no nos martiriza más que atormentarnos.
Son muchas, la mayoría incomprensivas, las opiniones de venezolanos a favor o en contra de esta acción de los Estados Unidos; y nos referimos a escritos publicados, donde se estima que: “Siete de cada 10 venezolanos apoyan el despliegue de buques EEUU en el Caribe”, lo que nos parece insólito visto desde un punto de vista racional, si así pudiéramos decirlo, toda vez que asumimos un criterio venezolanista cargado de lógica nacionalista como es el lógico pensar; no obstante comprender que el intelectual venezolano queda inmerso en la diatriba del prestigio. Es tanto, que en otro escrito textualmente refiere el pensar de algunos de los pocos líderes opositores que han dado la cara para exponer la situación real de esa bancada, y, en tal sentido se dice que: “En medio de la creciente presión internacional sobre el Gobierno de Nicolás Maduro, la oposición venezolana se muestra dividida: mientras la líder opositora María Corina Machado asegura que ´faltan semanas para un cambio político y el regreso de miles de venezolanos, otros dirigentes políticos como Henrique Capriles y Stalin González advierten que la solución no pasa por la vía militar. El despliegue de buques estadounidenses en el mar Caribe agita las expectativas dentro y fuera del país, entre llamados a una transición democrática y temores de un conflicto abierto.”
Es cierto, como dicen los medios, que “ese apoyo revela que el debate entre los venezolanos desde que el gobierno del Presidente Donald Trump ejecuta semejante despliegue militar cerquita de las costas de Venezuela no gira en torno al respeto a la soberanía, sino al rechazo de un liderazgo señalado por vínculos con el crimen organizado; agregando que la política venezolana ha entrado en una nueva fase de tensión internacional, y la oposición —dentro y fuera del país— ya ha tomado posición: apoya decididamente las acciones de Washington y exige que sus dirigentes hagan lo mismo”; situación ésta que obliga a un doble pensar, si nos atenemos a la obligada reflexión nacionalista.
En un sentido lógico, quienes hemos estado en posiciones y cargos militares y políticos de relevancia, habiendo dedicado muchas horas de estudio en el ámbito nacional e internacional en los más altos niveles institucionales académicos, cursando meritoriamente las materias relacionadas con la política, la geopolítica, la polemología y otras materias concomitantes, nos atrevemos a disentir de este pensar que consideramos incoherente y enturbiado por la pasión del desengaño; y ojala Dios meta la mano para evitar que se ataque a Venezuela, ya que sabemos, por conocer el poder bélico de nuestro país, que no es la minucia que anuncian muchos tuiteros calandrados y tóxicos. Lamentablemente, se ha confundido la gimnasia con la magnesia y se han creído todas las argucias de un invasor que ha encantado a tirios y troyanos, creyendo que esta acción intervencionista es verdaderamente parte de la ofensiva contra el narcotráfico, reavivando la esperanza de cambio en los venezolanos.
Entendemos que, realmente la política opositora está a la deriva y perdida en la lontananza. Así lo vemos, cuando alegre publicaciones nos informan que, según recientes encuestas, “hoy, 7 de cada 10 ciudadanos respaldan las maniobras militares de EEUU; y que en estudio realizado vía WhatsApp en todos los estados del país, el 77% ha seguido el tema con mucha atención, considerando que es una de esas coyunturas donde la opinión pública se alinea con claridad, tanto en el diagnóstico como en la solución esperada”. Y en este pensar, se dice que, “un 71% considera que la oposición —percibida como mayoría ciudadana— debe respaldar activamente las acciones de EEUU y canalizarlas hacia demandas de transición”; no obstante, las posturas prudentes, neutrales o mediadoras no alcanzan ni el 10% de apoyo. La base opositora no quiere silencios tácticos ni discursos ambiguos: exige alineamiento y acción.
Son y serán muchos los pensares críticos, muchos sin sentido, que seguirán saliendo a luz, lo que nos hace recordar nuestra lucha emplazada desde hace tiempo, cuando formando parte de la Mesa de la Unidad Democrática luchamos y criticamos las diferencias entre partidos, donde algunos nunca quisieron la lucha mediante al voto, sino que percibieron y defendieron la idea del golpe de fuerza, que hoy es su desventura. Así recordamos un artículo que publicamos el 16 de diciembre del 2020 intitulado ¡La abstención, la consulta y la farsa! en el que dijimos: “Tres elementos se unieron la pasada semana en la lucha política: las elecciones de la Asamblea Nacional calificadas de fraudulentas, la consulta con las tres preguntas sobre la usurpación, la nulidad de las elecciones y la intervención del régimen; y la calificación de farsa a todos los eventos. Todo un escenario que ha llegado a crear una peligrosa incertidumbre sobre la seriedad del deseo opositor. Sinceramente, no se entienden las diversas vías tomadas por los nuevos liderazgos que han surgido, ante el abandono de los viejos estrategas de la lucha por la Unidad Opositora.
Siempre se dice que ¡más sabe el diablo por viejo que por diablo! Y sería bueno que lo entendieran, principalmente quienes asumen el papel de diablo y recalcitrantes entrabadores de la política, que a más de este perverso rol, son unos enardecidos simuladores de la verdad. Ellos se oponen a toda idea que intente convencer a la gente, de que la maldad no está en los malos, sino en quienes se creen verdaderos pronosticadores y se oponen a todo lo que emane de conscientes ciudadanos, nosotros entre ellos, que gustan de aplicar la norma de la racionalidad macerada por los años, y que no solo nos hacen ver males de senectud, sino que tratamos de abrir la mente a la vida que hemos asumido en el portal del conocimiento o por las vías del estudio, pero mayormente por la experiencia que dan los años.
Este título sin ánimo de venganza, que busca exponer nuestro pensamiento previo a los hechos ocurridos en esta semana, el proceso electoral del 6D y la consulta popular finalizada ayer 12D. No basta asumir el rol de practicantes procesalistas ni populistas de fotos pronosticadoras. Tampoco queremos usar el ¡yo te lo dije!, ya que no es nuestra idea macerar la rabia que nos da la certeza de nuestra propuesta. ¿Qué se acabó el 6 de diciembre de 2020? Se fundió la supuesta maquinaria electoral del PSUV –que no es sino un conglomerado de obedientes funcionarios del Estado, civiles y militares, puestos a realizar tareas que la ley prohíbe y castiga–. …Pero también quedo demostrado que el llamado a abstención no es la mejor forma de hacer oposición, porque se pierde la oportunidad de que esa población descontenta manifieste con el voto la ruptura del apoyo al régimen y también la de dar su apoyo a un nuevo liderazgo opositor.
Recordamos esta visión pasada para entender la expectativa que nos lleva hoy a entender lo que creemos una impensada y casi generalizada y peligrosa incertidumbre.
