En El extraordinario viaje del dragón, película que representará a Venezuela en la edición número 40 de los Premios Goya, la cineasta merideña reconstruye, a través de fotografías de la vida de su abuelo político, la historia de migración de la comunidad japonesa-venezolana

Hace más de diez años, cuando estaba inmersa en el rodaje de Nikkei (2011), su primer largometraje documental, Kaori Flores Yonekura descubrió un tesoro inesperado: tres álbumes fotográficos en los que su tío abuelo político, Yoshitomi, documentó, entre 1933 y 1945, su extraordinario viaje desde Japón hasta Venezuela. Un registro único que no solo narra la historia de un migrante japonés, sino de toda una comunidad que, como él, se aventuró en el mundo occidental en busca de mejores oportunidades. 

Intentando encontrar lugares y testimonios para el rodaje de Nikkei, documental sobre la identidad de los japoneses que emigraron a Latinoamérica, Kaori Flores Yonekura llegó a la casa de Carmen, esposa de Yoshitomi, en Maracay, estado Aragua. Allí, revisando algunos objetos vio algo que llamó su atención: un álbum con una foto original del emperador Showa y su consorte, lo que la sorprendió, pues este tipo de imágenes no eran comunes, sobre todo por su antigüedad. Sabía que lo que tenía entre manos tenía un gran valor histórico.

Convencida de que ese material merecía estar en mejores condiciones, Kaori le pidió permiso a Carmen y su hija para limpiar y restaurar los álbumes. Al revisar las imágenes descubrió un registro único del viaje que hizo Yoshitomi desde Japón, pasando por Perú hasta Venezuela.

La cineasta merideña quería hacer algo con todo ese material. Quería contar a través de la historia de Yoshitomi el viaje que también hicieron sus abuelos y el viaje que ella misma hizo para Nikkei. “Mis abuelos hicieron el mismo viaje: de Japón a Perú y de Perú a Venezuela. Yo hice lo mismo para mi primera película. Fui a Japón, busqué la casa familiar, luego fui a Perú y luego regresé a Venezuela”.

Sin embargo, no era el momento, asegura Kaori. La cineasta considera que en ese momento no tenía la madurez artística para contar la historia que quería. Por eso, se dedicó a formarse, estudiar e investigar para poder construir la historia que sentía que su comunidad merecía. Así nació El extraordinario viaje del dragón película que se estrenó en los cines venezolanos el 2 de octubre y que representará a Venezuela en la edición número 40 de los Premios Goya, que se entregarán en febrero de 2026.

“No tenía la madurez suficiente como narrador. No hubiese sido lo mismo si lo hubiera hecho hace 10 años, que ahora, que soy más creativa y madura para poder crear este dragón, porque es un drama histórico fantástico. Construimos un ser que es una metáfora también y que además es tangible de alguna manera”, asegura Kaori.

Tras tomar un par de cursos de restauración de obras de papel para poder manipular los álbumes, empezó a documentar cada página, cada imagen y cada ángulo del álbum. En total, eran 900 fotografías que se convirtieron en 2000 imágenes, que le dieron forma a El extraordinario viaje del dragón.

“Cuando yo tomé los álbumes, lo primero que hice fue documentar cada uno. Documenté todo, tanto por fuera como por dentro, aunque no tuviera fotografías. Era la única forma que me permitía garantizar que iba a haber una continuidad y que la obra iba a ser respetada”, explica Kaori.

Ya con las fotografías debidamente registradas y digitalizadas, la cineasta comenzó a construir la línea narrativa que seguiría. “Lo que hice fue agarrar una sola línea: la línea histórica formal de mi comunidad, la línea histórica formal de lo que es la historia contemporánea, la guerra y la historia de Venezuela, y la combiné con lo que me dice mi mamá, mis abuelos, mi familia y lo que encontré en las fotografías mismas”, cuenta.

En su proceso de investigación, la cineasta descubrió a través de las imágenes que hay cosas que la historia formal no incluye o no cuenta como debería ser, como los japoneses que fueron confinados en Ocumare del Tuy, tras el ataque a la base militar estadounidense Pearl Harbor por parte del ejército japonés. “Lo que pasó en Ocumare no está en la historia de Venezuela, pero hay prueba de eso y está en los álbumes de Yoshitomi, están los testimonios de los familiares y de la comunidad Nikkei y eso sí fue un gran descubrimiento”, dice Kaori.

Más allá del contexto histórico de la época, la cineasta también pudo descubrir, junto a Yoshitomi, algunos choques culturales en su viaje a occidente. “Hay una escena en la que digo: ‘Que loco debe ser ver a un animal que habla. Un loro’. En Japón no había loros. Descubrir esas cosas junto con él a medida que iba viendo las fotos fue interesante, me gustó mucho”.

Una de las fotos favoritas de Kaori es una que representa, en una sola imagen, los tres tipos de Japón de la época: el Japón feudal, el militar y el Japón que estaba mirando al occidente. “Es una foto que resume todo solo con vestimenta. Descubrir eso fue increíble”.

Otro aspecto que llamó la atención de la cineasta es cómo cada imagen narra el viaje y evolución de Yoshitomi y cómo, poco a poco, comienza a adaptarse a los lugares que llega y, como un dragón, integra algunas características del entorno en sí mismo.

“Cuando empiezas a ver las fotografías del paisaje del Fuji, ves la naturaleza de las montañas, el lago y ves que las líneas son curvas, sinuosas, muy del mundo flotante japonés. Era un conjunto estético y un movimiento estético que en ese momento marcaba al Japón. Pero luego él se convierte en soldado y empiezas a ver que hay líneas geométricas muy marcadas y un manejo de la perspectiva, cosa que en Japón no existe. La perspectiva es una forma de mirar occidental y eso me llamó la atención, tanto en lo estético como en el lenguaje cinematográfico. Te das cuenta de que él estaba cambiando, el occidente estaba entrando en él. Son los primeros rasgos del dragón, que es tomar características de otros para incluirlos en sí mismo”, explica la realizadora.

Precisamente, estos cambios fueron los que la llevaron a crear la figura del dragón a través de estas fotografías para no solo contar la historia de Yoshitomi, sino la propia. “Es mi historia descubriéndolo a él, es un metadocumental de cómo un documentalista documenta a otro documentalista mientras tiene un viaje similar”.

Un reconocimiento inesperado

Aunque inscribió el documental para que compitiera como representante de Venezuela en los premios Goya, Kaori Flores Yonekura no esperaba que su película fuera la seleccionada. 

“Yo sabía que estaba compitiendo, que había posibilidades, pero no me lo esperaba. Luego del preestreno me llegó el correo electrónico y yo no le había parado. Después recibí una llamada de un amigo que me dice: «Mira, ¿tú ya revisaste el correo? ¿Tú hablas catalán?». Me puse a llorar porque no me lo esperaba”, cuenta la cineasta. 

Para Kaori, que la Academia Venezolana de Cine eligiera su película para representar a Venezuela en los Goya es algo significativo en su carrera como cineasta. “Que mi propia identidad, mi propia historia, sea la representante de mi país a nivel iberoamericano en un premio tan importante que es el equivalente al Oscar es un top, es enorme, para mí es muy grande haberlo logrado y que mi película haya sido votada por mis colegas me hace sentir muy reconocida y vista por ellos. Me siento apoyada y eso es muy importante”, asegura la cineasta, quien también ha contado con el respaldo de toda la comunidad japonesa-venezolana.

Sobre el género documental en Venezuela, la cineasta considera que es uno de los más valiosos que se desarrolla en el cine venezolano. “El cine documental venezolano es de lo mejor que hay en la historia del cine. Creo que es muy importante desarrollar el cine documental para hacer ficción. Entender el proceso del conocimiento de la narrativa, darte cuenta que tienes otras herramientas para crear algo novedoso, es importante para hacer cine”.

Kaori Flores Yonekura se trazó tres objetivos con su película: lograr un reconocimiento de la crítica, representar a Venezuela en los Goya y tener un buen desempeño en la taquilla. Este último es el que considera más difícil. “Es muy difícil llevar a la gente al cine. También se trata de un documental y el público de taquilla es muy distinto”, dice.

El trabajo de Kaori siempre ha estado enfocado en contar la historia de migración de la comunidad japonesa, pero también le gustaría hacer lo mismo con otras comunidades. “Siempre me ha gustado la migración. Sé que están, por ejemplo, los archivos de la familia Maldonado, están las historias de las comunidades de la colonia Tovar, la comunidad de italianos o los árabes en Venezuela. Creo que el tema de la migración es lo que más me gusta porque lo conozco muy bien y creo que lo puedo contar bien porque  lo vivo y lo tengo muy muy arraigado”.

Fuente: EN

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