Huele a Tigre…
Por: Pedro González Silva
Luis Herrera Campíns logró la candidatura de Copei en 1978 de una manera arrolladora, logrando que el Congreso Presidencial Socialcristiano (instancia creada para escoger al candidato presidencial del partido) lo eligiera por aclamación.
La corriente interna de Rafael Caldera no tuvo más remedio que aceptar esta realidad, ese clamor de las bases copeyanas. Herrera estableció una sólida alianza con el secretario general de su organización política, Pedro Pablo Aguilar, en 1975, que dio origen a la poderosa tendencia interna denominada “herreropedropablismo”, que se impuso ampliamente en los comicios internos donde Aguilar fue reelecto como secretario general.
Una vez Luis Herrera gana las elecciones y asume la presidencia del país, Copei entra en un proceso interno, para renovar sus autoridades, en 1979.
Pedro Pablo Aguilar luce fuerte para ser reelecto, sin embargo, el “calderismo” se dispone a luchar por el control del partido, y es lanzada la candidatura de Eduardo Fernández.
Fernández era considerado el joven líder más cercano a Caldera, su “delfín”. Columnistas destacados de prensa lo nombraban como “el inevitable”, pues todos lo veían como un futuro candidato presidencial, como el líder del futuro.
Por tanto, su candidatura iba más allá de la secretaría general, y como era muy joven tenía todo el tiempo por delante, pues para 1983, ya era casi seguro que Caldera aspiraría de nuevo, y Fernández lo respaldaría, no obstante, la visión del joven líder apuntaba a un no tan lejano 1988.
En las elecciones internas, además de Aguilar y Fernández, también aspiró Abdón Vivas Terán, otro joven líder copeyano que tenía su propia corriente interna: la avanzada social. Sin embargo, era más cercano al herreropedropablismo, que al calderismo-eduardismo.
La contienda interna resultó muy reñida, y faltando poco para la convención, Vivas Terán le dio el apoyo a Aguilar, sin embargo, Eduardo Fernández se impuso por un margen estrecho, lo que fue interpretado como una derrota interna del gobierno de Luis Herrera dentro de Copei, lo que hizo un tanto tensas las relaciones entre el gobierno y el partido.
En 1983, Caldera fue candidato y perdió frente a Jaime Lusinchi, sin embargo, esto no hizo mella en el control interno que Eduardo Fernández había logrado en Copei, todo lo contrario, las bases del partido cerraron filas en torno a su liderazgo, y ahora sí, era visto como el inevitable candidato de Copei para 1988, y por tanto, arrasó en su reelección a la secretaría general en el 84.
Para 1986, cuando ya se perfilaba que su rival electoral sería el ex presidente Carlos Andrés Pérez, los estrategas de Fernández buscaron la manera de relanzar la imagen del líder copeyano, que, si bien exhibía su frescura y juventud, era percibido como demasiado tranquilo y ponderado, ante la enérgica personalidad de CAP. En pocas palabras, le faltaba algo de “garra”.
Así surge la idea de asociarlo con la imagen de un tigre, atrevido, más “agresivo”, con más empuje. Se atribuye la idea de este apelativo al ex ministro de desarrollo de la inteligencia de Herrera, Luis Alberto Machado, aunque también se habla de la participación del dirigente regional mirandino, Enrique Mendoza, quien adelantó una campaña de intriga, con grafittis en las paredes que decían: “Huele a tigre”.
Así fue como Eduardo Fernández fue empezado a conocer como “El Tigre”, y hasta el día de hoy, muchos lo siguen recordando con este apelativo.
Al poco tiempo a Fernández le tocó demostrar que sí era un “Tigre”, y eso ocurrió cuando Caldera, en lugar de apoyarlo, decidió lanzarse de nuevo como candidato presidencial. Pensaba el máximo líder socialcristiano que, al anunciar su candidatura, Fernández se apartaría, y gustoso lo respaldaría, y todos los copeyanos “se voltearían como barajitas”, en apoyo a sus nuevas aspiraciones.
La gran sorpresa para Caldera fue que “El Tigre”, seguiría adelante con su avance hacia la candidatura, y que las bases y estructuras del partido se mantuvieron firmes y entusiastas en respaldo al líder emergente, por lo cual, por vez primera, Caldera se vio obligado a competir en una elección interna por la candidatura.
En 1987 ocurrió un hecho histórico en Copei, cuando en el Congreso Presidencial Socialcristiano, Eduardo Fernández ganó en forma apabullante la candidatura, derrotando al fundador, Rafael Caldera, con más del 70% de los votos, en una elección donde también compitió Pedro Pablo Aguilar.
En esa elección Eduardo Fernández ganó no sólo la candidatura, sino el liderazgo y control de Copei. Fue a las elecciones del 88 con su eslogan “El Tigre es el cambio”, y presentándose como el “Presidente Nuevo”, frente al pasado que representaba CAP.
Tal vez si AD hubiese tenido otro candidato, Fernández hubiera podido ganar las elecciones, pero el fenómeno de popularidad de CAP, lo arropó. Sin embargo, Fernández le aportó a su partido la votación más alta de su historia, pero no fue suficiente para ganarle a Pérez.
Sin embargo, en lo interno, Eduardo Fernández quedó fortalecido, las bases copeyanas siguieron apoyándolo con fervor, y fue reelecto para un tercer período como secretario general en 1989. Ahora mandaba el “eduardismo”.
Todo parecía indicar que Fernández iba con paso firme a una nueva candidatura en 1993, con un partido apoyándolo férreamente, y encabezando las encuestas. Copei, logró grandes éxitos electorales en las elecciones regionales del 89 y 92, y aparecía como la primera opción para el 93.
Sin embargo, un hecho causó un impacto determinante en la opinión pública, generando sorpresivos cambios en las tendencias electorales.
La intentona de golpe de Estado del 92, catapultó a la fama al teniente coronel Hugo Chávez, relanzó a la popularidad al ex presidente Caldera, y hundió a líder copeyano Eduardo Fernández.
La aparición de Fernández en TV condenando el intento de golpe y respaldando al gobierno de CAP, lo marcó para el resto de su vida política, le hizo perder credibilidad y lo convirtió en un cadáver político.
Tanto así que, en su propio partido, al realizarse una elección abierta para escoger el candidato del partido, surge la candidatura de Oswaldo Alvarez Paz, quien, sin maquinaria, pero con un discurso alineado en cierta forma con los militares rebeldes, al apoyar una asamblea constituyente, se impuso ampliamente a Fernández a pesar de contar con la estructura del partido.
Fernández ha intentado sin éxito recuperar su liderazgo; en 1998 perdió la precandidatura presidencial frente a la independiente Irene Sáez, en la convención de su partido que por primera vez lanzó a alguien que no militaba en sus filas.
En 2012 intentó participar en las primarias opositoras, pero se retiró ante la falta de apoyo,
especialmente el apoyo de su propio partido que respaldó a otra figura ajena a sus filas:
Pablo Pérez.
Se mantuvo en la pelea intentando recuperar y mantener el control de Copei, pero finalmente perdió por completo ese control, y se retiró del partido; últimamente se hizo de una nueva organización: Unión y Progreso, con la que hizo campaña en comicios regionales y municipales, sin embargo, esta tolda fue inhabilitada en los comicios presidenciales de 2024.
En ese año, el otrora Tigre intentó proyectarse como “candidato de consenso” para las
presidenciales, pero no cuajó ese intento.
starpetrvs@gmail.com
