Jaime es como tú…

Por: Pedro González Silva

Al día siguiente de la derrota de Acción Democrática en las elecciones presidenciales de 1978, el fundador del partido, Rómulo Betancourt, en un tono bastante risueño a pesar de las circunstancias, lanzó una de sus célebres frases, convertida en titular de prensa: “We will come back”, que dicho en criollo era: “Volveremos”.

La premonitoria frase fue el aliciente para que Jaime Lusinchi se encargara de encabezar ese regreso al poder de los adecos, luego de la derrota de Luis Piñerúa Ordaz. Ya Lusinchi había asomado sus aspiraciones presidenciales como precandidato en el 77 logrando una buena proyección, aunque no la victoria interna. Sin embargo, de una manera bastante acelerada, luego de las elecciones del 78, Lusinchi quedó posicionado como la primera opción del partido, para regresar al poder.

En AD se produjo un reacomodo interno muy rápido y sin traumas. Cuando Piñerúa fue precandidato, obtuvo el apoyo de Rómulo Betancourt, que estaba enfrentado a Carlos Andrés Pérez y su gobierno. Lusinchi, se presentó como la opción interna del carlosandrecismo.

Pero después de las elecciones, Lusinchi tuvo un rápido acercamiento a Rómulo Betancourt, y comenzó a recibir apoyos de todas las estructuras del partido, las más ortodoxas, y entre ellas, la del poderoso Buró Sindical.

Por otra parte, la posición de CAP ante el partido estaba bastante debilitada, por la derrota electoral atribuida a su gobierno, y por los señalamientos de corrupción en su contra, que lo llevaron a un juicio en el Congreso de la República, por un caso denominado “Sierra Nevada”.

De esta forma, Jaime Lusinchi logró el control de AD y fue electo secretario general del partido, y casi de inmediato, comenzó su precampaña, con miras a las elecciones presidenciales de 1983.

AD se apuró en elegir su candidato, con una gran anticipación, un año antes de las elecciones. Como competidor interno tuvo a David Morales Bello, quien logró un tibio apoyo de Carlos Andrés Pérez. Sin embargo, ya Lusinchi tenía amarrada la victoria y el control del partido.

Como AD eligió su candidato con tanta anticipación, anunciaron que “congelarían” esa candidatura, por lo que Lusinchi se mantuvo relativamente de bajo perfil, hasta varios meses después, cuando el partido hizo el acto de proclamación formal de su candidatura.

Por esa época, ocurrió en Venezuela el llamado “Viernes negro”, donde el gobierno de Luis Herrera tuvo que devaluar el bolívar, lo que produjo la caída abrupta de la imagen pública del gobierno, y que salpicó al abanderado presidencial del partido gobernante (Copei), Rafael Caldera, quien aspiraba a la reelección.

Esto ocasionó que Lusinchi se perfilara desde el inicio de su campaña, como el gran favorito para ganar las elecciones del 83, con hasta 20 puntos de ventaja, según las encuestas, sobre su más cercano rival, Rafael Caldera.

Lusinchi arrancó su campaña con un eslogan que pegó muchísimo: “Jaime es como tú”, logrando su objetivo de identificar al candidato con las masas populares. Sus opositores lanzaron una fuerte campaña de descrédito contra el candidato de AD, basándose en su presunta inclinación por las bebidas alcohólicas.

Las acusaciones llegaron al extremo de lanzar el rumor de que, por las supuestas borracheras del candidato, le habían buscado un “doble”, para los momentos en que el candidato estuviese indispuesto. Tal rumor fue motivo de guasa popular, porque cada vez que aparecía alguien con una contextura robusta, le decían que, si era “el doble de Lusinchi”, o tal vez le increpaban: “Jaime es como tú”. Por ese entonces, el candidato de Copei tenía el eslogan: “Caldera se las trae”, y el humor popular señalaba: “Caldera se las trae y Lusinchi se las toma”.

Lo cierto es que la campaña avanzaba y la popularidad de Lusinchi se mantenía y crecía. La idea de tomar una sílaba de su apellido y escribirla como un grafitti: “sí”, resultó muy favorecedora; un simple “sí” le dio un tono optimista y entusiasta a la campaña de AD, y a ello se le agregó un jingle muy estimulante, donde se convocaba a “poner el país en marcha”, y cerraba con la frase: “Dile sí a tu país”.

Mientras el candidato de Copei cargaba con el peso muerto del gobierno de Herrera, caracterizado por tomar decisiones con demasiada lentitud y por el impactante suceso del “viernes negro”, Lusinchi lucía sobrado, optimista y risueño, sin que le hicieran mella los señalamientos sobre su supuesto alcoholismo.

El candidato de AD aceptó ir a un debate al que lo retó Caldera, evitando así el error que cometió Piñerúa al negarse a debatir en su momento.

Por parte del equipo de Caldera, se pensaba que su candidato arroparía a Lusinchi con sus cualidades intelectuales y su mejor oratoria. El ex presidente utilizó sus mejores armas lingüísticas e hizo esfuerzos por aparecer lo más enérgico, enfático y decidido, frente a su adversario.

En cambio, Lusinchi apareció relajado, sonreído, y en pocas ocasiones respondía a las polémicas que trataba de entablar Caldera, era como si no le prestase atención a lo que decía su rival.

Especialmente, Lusinchi ignoró los llamados desesperados de Caldera, que insistía en preguntarle al candidato de AD porqué no le había respondido una carta que le había enviado con unas propuestas. Lusinchi sonreía y no le decía nada de la dichosa carta. El tema de la carta fue otro motivo de guasa popular.

Al día siguiente del debate, mientras los copeyanos alababan la actuación de su candidato y pensaban que había acorralado a su adversario, AD publicó un aviso con una frase corta y contundente: “Lo sacó de sus casillas”, refiriéndose al tono desesperado de Caldera, ante el relax total de Lusinchi. Pero, además, la palabra “casillas” fue remarcada así “ca-SI-llas”, es decir, con el SI de Lusinchi.

Acercándose el día de las elecciones, mientras Caldera insistía en que estaba “remontando la cuesta” (lo que era ya un reconocimiento de su posición desfavorable en las encuestas), todos los sondeos daban cuenta de la impresionante ventaja que llevaba Lusinchi, de manera que el resultado estaba prácticamente cantado.

En efecto, el resultado arrojó un arrollador triunfo de Jaime Lusinchi, con alrededor del 56% del electorado, 24 puntos por encima de su más cercano contendor, que con esfuerzo logró el 32% del electorado.

La frase de Betancourt “we will come back” se convirtió en una acertada predicción que el fundador de AD no pudo disfrutar, pues falleció en 1981.

Lusinchi, por su parte, se convirtió como presidente, en un fenómeno mediático, pues mantuvo su popularidad durante todo su período de gobierno; ni el escándalo por su divorcio y por tener una amante, hizo mella en su popularidad de aquel entonces, al fin y al cabo, la gente decía: “Jaime es como tú…” Sólo después de entregar el poder, fue que vino la caída de su imagen pública, que tuvo su momento más intenso, cuando en plena transmisión de un noticiero, se acercó a un periodista, y dándole con el dedo a su micrófono, le dijo: “A mi no me jodes tú…”

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