A PEDRO CLAVER CEDEÑO
César Malavé Carvajal
En esta tierra de salitre y leyendas, hay vidas que no se miden por el tiempo, sino por la luz que dejaron al pasar. Pedro Claver Cedeño fue uno de esos faros, un hombre que iluminó la conciencia de un pueblo. Su existencia no fue un mero andar, sino un incesante sembrar: sembró conocimiento en el aula, sembró verdad en la crónica y sembró dignidad en el corazón del maestro margariteño. Su legado no es una estatua de bronce, sino el eco de su voz que aún resuena en las páginas de la historia y en el silencio reverente de los salones de clase.
Desde aquel julio de 1959, cuando se graduó como maestro normalista en la Escuela Normal “Miguel Suniaga” siendo miembro de la I Promoción, que llevó por epónimo “Román Valecillos”, su destino se entrelazó con el de su gente. No era solo un educador; era el tejedor de un futuro, un padre para las generaciones que confiaron en su guía. Con la serenidad de quien conoce su propósito, tomó en sus manos el molde de la educación, y con él forjó no solo mentes brillantes, sino ciudadanos de principios sólidos. Su magisterio fue río que fluía sin cesar, nutriendo los campos de la inteligencia y el corazón con cada palabra, con cada lección impartida.
Pero la vocación de Pedro Claver Cedeño no se limitaba a las aulas. Su pluma era tan incansable como su voz, y a través de ella se convirtió en un cronista apasionado de su amada isla. Columnas como “Margarita en la historia” se convirtieron en un faro para los que buscaban entender el pasado de esta tierra, un legado que más tarde condensaría en un libro del mismo nombre. Su labor periodística le valió el reconocimiento a nivel nacional, siendo corresponsal de importantes diarios en Margarita.
Su compromiso con la dignidad del educador se manifestó en su liderazgo gremial. Fue una figura clave en Fetraenseñanza, donde llegó a ser secretario general en el estado Nueva Esparta. Desde esa trinchera, defendió con firmeza los derechos del maestro, asegurando que la vocación docente fuera valorada como el pilar de la sociedad. Su pasión por el saber lo llevó a dirigir varias escuelas, como la Napoleón Narváez de Tacarigua y la Monseñor Vásquez, y a impartir clases en instituciones como el Instituto de Comercio y la Santiago Salazar Fermín. En la Escuela Normal “Pedro Arnal de Cumaná” realizó su curso de director, requisito indispensable para pensar en dirigir los destinos de cualquier institución en Venezuela.
Hoy, la memoria de Pedro Claver Cedeño es un tesoro para Margarita. Su vida, dedicada a sembrar sabiduría y principios, es una lección perenne sobre la importancia de servir a la comunidad con excelencia, pasión y una devoción inquebrantable.
