Burelli, el experimento independiente
Por: Pedro González Silva
En Venezuela, los diversos intentos de “candidaturas independientes”, han terminad en fracaso. En varias ocasiones, algunos partidos planteaban candidaturas de unidad nacional, para lo cual el perfil solicitado era que no perteneciese a ninguna organización política, un independiente.
Las candidaturas independientes eran vendidas como una manera de identificarse con la población, por cuanto la gran mayoría del electorado es independiente, es decir, sin filiación partidista.
La ventaja que ofrecen las candidaturas independientes, es que, además de identificarse con la mayoría del electorado, podía ofrecer un gobierno sin ataduras a intereses partidistas, y por tanto, un gobierno más amplio, y menos sectario, donde todos pudiesen tener igualdad de oportunidades, al menos en teoría.
En 1968, cuajó la oportunidad de lograr una candidatura independiente, apoyada por
una coalición de tres partidos, que en aquel entonces, tenían relevancia y peso
electoral, además de contar con tres grandes líderes, que en el pasado habían sido
candidatos presidenciales con una alta votación.
Estos tres partidos que se unieron y conformaron el “Frente de la Victoria”, eran Unión Republicana Democrática (URD), cuyo líder era Jóvito Villalba; Fuerza Democrática Popular (FDP), encabezado por Wolfgang Larrazábal, y el Frente Nacional Democrático (FND), presidido por Arturo Uslar Pietri. A esta alianza se unió una pequeña tolda: el MENI.
Eran tres “cuarto bates” de la política, unidos y recorriendo el país. Jóvito, el más destacado, quien logró la contundente victoria electoral de más de un millón de votos contra la dictadura de Pérez Jiménez en 1952, lo que le valió la expulsión del país, y que venía de obtener 500 mil votos en el 63 con su candidatura; Wolfgang Larrazábal, ex presidente interino y candidato presidencial en el 58 con 900 mil votos de apoyo y también en el 63 con 273 mil sufragios, y Uslar Pietri, fenómeno electoral del 63, con más de 400 mil votos.
Todos ellos se pusieron de acuerdo para lanzar una candidatura independiente, y escogieron a un personaje de prestigio en el mundo diplomático, que precisamente estaba en Londres en aquel tiempo en funciones de esta naturaleza: Miguel Angel Burelli Rivas.
Burelli tenía prestigio, pero no era un personaje de arraigo popular, ni un activista
político. Tuvo que “darse a conocer” entre las masas, tanto con la propaganda electoral, como a través de las maquinarias de los partidos que lo apoyaban
Y lo más importante en el impulso de esta candidatura independiente, era el papel activo que en la campaña jugaron Villalba, Uslar y Larrazábal, al punto que los candidatos parecían ellos; incluso, el FDP colocó en su tarjeta electoral la foto de Larrazábal junto al timón que lo identificaba, en lugar de la foto de Burelli; URD no puso foto, sino un dibujo de dos manos estrechándose, y el nombre de la coalición: Frente de la Victoria; y el FND tampoco puso foto, sino el símbolo de la campana, que había usado Uslar en el 63.
Burelli como candidato presentaba un discurso de centro derecha, y se mostraba como una alternativa frente al “continuismo” de AD, y el “autoritarismo” que según él representaba Copei, además de hacer énfasis en el hecho de mostrarse como el “candidato independiente”. A la vez, los partidos que lo apoyaban, hablaban de la necesidad de evitar que AD y Copei se convirtieran en los partidos hegemónicos.
Los resultados electorales arrojaron una alta votación para Burelli: más de 822.000 votos, lo que representó un 22% del electorado, con lo que alcanzó el tercer lugar, detrás de los candidatos de Copei y AD.
Aunque como candidato, Burelli logró una alta votación, los partidos que lo apoyaron, arrojaron una merma en sus resultados: URD bajó de 500 a 400 mil votos; FDP de 270 a 220 mil votos, y el FND tuvo el mayor descalabro: de 400 a 100 mil votos.
Burelli volvió a aspirar a la presidencia de Venezuela en 1973. Animado por los 800 mil votos que logró en el 68, insistió en su candidatura independiente, pero esta vez, ninguno de los partidos que lo apoyaron aquella vez, le brindaron su respaldo. Jóvito lanzó su propia candidatura con URD; el FDP decidió apoyar al candidato copeyano, Lorenzo Fernández, y el FND postuló a un dirigente suyo: Pedro Segnini La Cruz.
Burelli logró el apoyo del partido Opinión Nacional (Opina), el cual en 1968 había respaldado a Luis Beltrán Prieto.
Miguel Angel Burelli siguió su línea de venderse como el “candidato independiente”, e incluso, como estrategia electoral, la tarjeta de Opina no colocó el nombre del partido, sino solamente el nombre y la foto de Burelli, para resaltar su independencia.
Burelli tenía la creencia de que los votos que obtuvo en el 68 eran de él y no de los partidos que lo apoyaron. Se basaba en el hecho de que los votos presidenciales de esos partidos (la tarjeta grande), fueron más numerosos que los sufragios obtenidos para el parlamento (tarjeta pequeña). La publicidad de Burelli resaltaba: “El candidato independiente que logró más votos que los partidos que lo apoyaban”.
Por el color electoral que identificó la tarjeta de Burelli, en su campaña popularizó el lema: “El voto es secreto y marrón”.
Los resultados electorales del 73 colocaron la candidatura de Burelli en el sexto lugar, con apenas 33 mil votos, menos del 1%, un total descalabro en relación con los 822 mil logrados en el 68.
No obstante, para el partido que lo apoyó, Opina, significó una experiencia exitosa, pues en el 68 apenas había llegado a 7000 votos, y con Burelli subió a 30 mil y logró que su líder, Amado Cornielles, fuera electo diputado al Congreso.
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