Pedro Tinoco, el candidato de “hielo”
Por: Pedro González Silva
Pedro Tinoco destacó por su acumulación de poder en el mundo financiero venezolano, aunado al logro de posiciones de poder en varios gobiernos en las áreas de economía. A la par, tuvo inquietudes políticas que lo llevaron a intentar alcanzar la presidencia de la República en 1973.
Tinoco intentó formar un partido político de ideología “desarrollista”, en donde podía plasmar su visión tecnocrática y promover la industrialización del país en conjunto con un Estado poderoso, como vía para alcanzar el crecimiento económico.
En 1968, Tinoco no tenía bien estructurado su partido, y Rafael Caldera lo convence para que le brinde el apoyo, y luego, al ganar el líder copeyano, lo nombra ministro de Fomento, cargo que ejerció durante casi todo el período calderista, y donde pudo plasmar muchas de sus ideas económicas.
Al acercarse el año electoral, Tinoco renuncia al Ministerio, y legaliza al Movimiento Desarrollista, para optar a la presidencia de la República. Lo inscribe no como partido, sino como grupo de electores, ya que de esa forma los requisitos de legalización eran más flexibles.
Al estar bajo la figura de grupo de electores, el Movimiento Desarrollista podía inscribir candidato presidencial, pero no podía postular candidatos al Congreso, por tanto, en el boletón electoral, el Movimiento Desarrollista tendría la tarjeta grande para elegir presidente, pero no la pequeña de cuerpos deliberantes.
Una vez lanzada la candidatura de Tinoco, el candidato invirtió una cuantiosa fortuna en publicidad electoral. Colocó inmensas vallas en todo el país, con su foto, que reflejaba su rostro adusto, serio, en un fondo negro, con un lema que destacaba en grandes letras: “El Desarrollismo es la revolución de este siglo”.
Tinoco era un personaje poco expresivo, distante, frío, y su campaña se centró más en grandes vallas y propaganda por televisión, que en actos de masas. Su contacto con la gente se limitaba a algunos foros, y entrevistas en medios de comunicación.
Su lema central de campaña fue “Gobernar con autoridad, administrar con eficiencia”. Sobre esa frase, su campaña creó un pequeño jingle que decía: “Aquí, lo que hace falta es: autoridad y eficiencia”.
Tinoco no fue el típico candidato que abraza viejitas o carga bebés, ni siquiera mostraba una sonrisa en sus afiches, era un ”hombre de hielo”, serio, enfocado en exponer sus ideas con un lenguaje bastante técnico.
Tinoco no era para nada populista, decía sus ideas sin adornarlas, por eso apoyó el golpe de Estado en Chile que derrocó a Salvador Allende en 1973, e iba frontalmente contra todo lo que tuviera que ver con comunismo. Incluso, también defendía el derrocamiento de Rómulo Gallegos en 1947 y se oponía a la revolución de octubre del 45 que derrocó a Medina Angarita.
Era defensor de la obra de gobierno del dictador Marcos Pérez Jiménez. Precisamente admiraba ese modelo desarrollista, con grandiosas obras de infraestructura. Por eso, y tras el éxito electoral que tuvo el perezjimenismo en las elecciones del 68, Tinoco intentó ganarse el apoyo de Pérez Jiménez, exiliado en España.
Al respecto, tuvo un éxito a medias, pues Pérez Jiménez, si bien le mostró sus simpatías, no le dio la exclusividad de su apoyo, ya que había otros partidos y aspirantes que también buscaban el apoyo del ex dictador.
En este sentido, logró el respaldo de un partido perezjimenista: el Partido Nacional Integracionista (PNI), fundado por Luis Felipe Llovera Páez, militar retirado que formó parte de la junta militar de gobierno instaurada junto a Carlos Delgado Chalbaud y Marcos Pérez Jiménez, tras el derrocamiento de Gallegos.
Con el apoyo del PNI, Tinoco pudo postular candidatos al Congreso, y tras ese apoyo, el Movimiento Desarrollista pasó a un segundo plano, y la campaña de Tinoco se centró en promover la tarjeta electoral del PNI, y destacar el apoyo de Pérez Jiménez.
La publicidad de los últimos días de campaña, mostraba una foto de Tinoco y otra de Pérez Jiménez, con la consigna: “Sella tu voto por Pedro Tinoco”.
Las elecciones fueron el 9 de diciembre de 1973, con 12 candidatos presidenciales. Pedro Tinoco llegó en séptimo lugar, y apenas logró 29.000 sufragios, menos del 1% de la votación, un resultado muy bajo para un candidato que invirtió tantos recursos. Logró, sin embargo, ser electo diputado al Congreso en las planchas del PNI.
Aunque no logró la presidencia, Pedro Tinoco tuvo, después del 73, un acceso importante a posiciones de poder. Ya había sido ministro en el gobierno saliente de Caldera, y en 1974, entra al gobierno de Carlos Andrés Pérez, ganador en el 73, como presidente de la comisión de reforma de la administración pública.
Pero es en el segundo gobierno de Pérez, donde Tinoco alcanza su mayor influencia, al ser nombrado presidente del Banco Central de Venezuela, con lo cual tuvo una poderosa influencia en el rumbo de la política económica venezolana, donde, por cierto, se dejaron de lado algunos criterios desarrollistas, para aplicar medidas neoliberales, en las que, en vez de procurar un Estado todopoderoso, se buscó reducir al máximo el estatismo con las privatizaciones.
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