EL DEMÓSTENES AMERICANO (A 36 años de su muerte)
Por: César Malavé Carvajal
El 8 de Julio de 1989 muere, en Caracas, el mejor tribuno que haya tenido Venezuela, Jóvito Villalba. Miembro de la generación del 28. Presidente de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV) en 1936. Se une a ORVE (1937) y posteriormente, junto a Rómulo Betancourt, al PDN, del cual fue su presidente. Miembro simpatizante del Partido Democrático Nacional (PDV); fundado por el presidente Medina y cuyos líderes fundamentales eran Arturo Uslar Pietri y Mario Briceño Iragorry; fue senador por el PDV en 1943
Al producirse la Revolución de octubre, se resiste a los cambios en principio. Ingresa a URD, en 1946, partido fundado por Elías Toro. El 28 de febrero de 1947, en la primera Convención de URD se convierte en su secretario General, al lado de Jorge Figarela, quien asume la presidencia. En agosto de 1949 contrae matrimonio con Ismenia Villalba, su sobrina. Vicepresidente, junto a Caldera, en la Comisión Electoral de 1949, que debía convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, convocada por la usurpación de 1948. Participa en este proceso el 30 de noviembre de 1952, cuyos resultados fueron desconocidos por Marcos Pérez Jiménez.
Promotor del Pacto de Punto Fijo en 1957. Participa en el gobierno de Ancha Base de Raúl Leoni, lo que le causa profundas diferencias con su compañero de partido, Alirio Ugarte Pelayo. Impulsa en 1972 la llamada Nueva Fuerza (Alianza entre el PCV, el MEP y URD). Es candidato en las elecciones presidenciales de 1963 y 1973; por otra parte, fue varias veces senador del Congreso Nacional por su estado natal.
El Demóstenes Americano, fue infatigable en la labor de ir desenmascarados canallas, de ir gritándole: ¡ladrón!, a quien traficó con el erario; y: ¡asesino!, al que ordenó o ejecutó crímenes, amparado en el silencio cómplice de las mazmorras; Y ¡falsario!, a quien se mintió apóstol para prostituirse después. Por eso no vaciló en oponer el ariete audaz de sus veinte años a la barbarie
desenfrenada del gomecismo. La etiqueta de «sobresaliente», inevitablemente colgada sobre su chaqueta democrática, merece nuestro respeto eterno.

Solo la luz del sol, la luna y las estrellas le alumbraron el camino a esa egregia figura política contemporánea de los últimos «cien años de nuestra historia republicana, el verbo hecho realidad, brillando en la mente del tribuno de América como la expresión más genuina del inmortal orador de todos los tiempos…Jovial Villalba