Por. Juan J. Prieto
Por allá por los años noventa, en aquella Caracas convulsa políticamente, carros bombas y mucho nerviosismo en el apretujado colectivo capitalino, comencé mis actividades periodísticas, institucional, en el Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE), en la sede principal ubicada en la avenida Nueva Granada. Mientras daba los toques finales a mi tesis de grado como Comunicador Social en la UCV.
Pues bien, estaba concluyendo la entrega de trabajos de investigación, solo para educadores, para un Premio sobre la obra del Maestro de América Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa, creador de tan interesante institución.
A los pocos días, me dice mi jefe inmediato en la oficina de Relaciones Públicas, Elizabeth Crespo, periodista también, si yo conocía al educador y colega Pedro Claver Cedeño, claro, a sabiendas que yo soy margariteño y el mencionado igualmente. Le respondí que lo había oído nombrar pero que no lo conocía. Sin preguntar, me soltó la prenda que el jurado del premio lo había escogido como ganador.
¡qué bueno dije!
La semana siguiente, un viernes a las once de la mañana, en la terraza de dicha instalación sería la entrega del bien ganado premio. Cuando es llamado a recibirlo se levanta aquel señor de flux inmaculado, con bigotes aun negrísimo y cara de contentura. En el brindis me presenté ante él y le dije que éramos paisanos margariteños. Me senté a su lado y brindamos…pero me dijo quédate aquí conmigo, no me dejes solo, que no conozco a nadie.
Y así fue, una conversa larga nos mostró la tardenoche con el frío que comenzaba a colarse. Cuando ya todo culminó estábamos jumos los dos y cada quien agarró por su lado…el resto es una crónica interminable.
La Asunción 2025
